—Sí, ya tiene poco más de un mes.
—De acuerdo, entendido. Doctor, ¿podría mantener esto en secreto por ahora?
—Claro, no diré nada. —El médico salió de la habitación tras decir eso.
Matías miró a Leticia.
—Leticia, ¿cómo es que estás embarazada? ¿De quién es ese bebé? ¿Tienes novio?
Matías no sabía absolutamente nada sobre el asunto entre Leticia y Aarón.
Leticia también estaba en estado de shock.
Nunca imaginó que quedaría embarazada tan pronto.
Al principio, cuando vivía con Aarón, ella insistía en usar protección.
Pero Aarón le decía que quería tener muchos hijos con ella, los más posibles, y después de eso dejaron de cuidarse.
¡Ahora resultaba evidente que Aarón estaba ansioso por embarazarla lo antes posible!
Así tendría la excusa perfecta para entrar a la familia Fonseca.
—Leticia, di algo. ¿De quién es el bebé?
—Es de Aarón —confesó Leticia.
—¿Quién es Aarón?
Matías se mostró confundido por un momento, pero luego recordó algo.
—¿No me digas que es ese tipo que vino el otro día y chocó su coche contra la jardinera?
Leticia asintió.
Solo de mencionar a Aarón, a Matías le hervía la sangre.
Ese día, el hombre le había parecido de lo más detestable; no tenía ni una gota de educación.
Y para colmo, resultaba ser el padre del bebé.
¡Qué coraje tan grande!
—Leticia, qué locura hiciste. Se nota a leguas que ese hombre tiene malas intenciones y aun así te metiste con él. Ahora esperas un hijo suyo, ¿qué vamos a hacer?
Pensó que era Mónica.
—Mónica, Mónica, ¿viniste a buscarme?
Aarón se abalanzó hacia adelante y se aferró a las piernas de Leticia.
—Mónica, sabía que no me dejarías tirado. Tú me quieres, tú me amas. Viniste a buscarme porque quieres casarte conmigo, ¿verdad? Quieres estar conmigo. Te daré esa oportunidad, pero más vale que la sepas valorar.
—Una vez que nos casemos, seré el yerno de la familia Fonseca. ¡Todo el Grupo Fonseca será mío! Todo será mío: la enorme mansión, todos esos coches de lujo en el garaje... todo mío... ¡buaaa!
—Aarón, ¿te volviste loco? ¡Soy Leticia! —exclamó ella mientras se agachaba.
La fantasía de Aarón se hizo añicos al instante. Miró a Leticia con una expresión retorcida.
La empujó bruscamente.
—¡Qué haces aquí! ¡Maldita cualquiera!
—Aarón, no me trates así. La verdad es que sigo muy preocupada por ti, ¡por eso vine a ver cómo estabas!
—¡No me toques! ¿Cómo quieres que esté? ¡Toda mi vida se fue a la basura por tu culpa, maldita! ¡Todo se arruinó! ¡Y todo porque me metí contigo, zorra!

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