Aarón se quedó completamente mudo.
¡Yerno oficial!
¡Esas palabras le zumbaban en los oídos como un insulto!
Ese puesto que tanto había deseado, resulta que ya tenía dueño desde el principio.
¡Zacarías, un insignificante guardia de seguridad, era el futuro esposo de la directora!
¿Por qué un simple guardia de seguridad?
¡En qué demonios era él inferior a ese tipo!
Era increíble que en estos tiempos a un guardia le fuera mejor que a él. Le resultaba imposible digerir semejante realidad.
El alboroto que hizo Aarón en la entrada de la empresa no tardó en llegar a oídos de los demás.
Sus antiguos compañeros de trabajo salieron de inmediato y lo arrinconaron.
—¡Aarón, cabrón, por fin apareces! ¿Dónde diablos te habías metido? ¡Por qué no contestas el teléfono!
—¡Devuélveme mi dinero! ¡Me pediste prestados cincuenta mil pesos! ¡Págame!
—¡A mí me debe cien mil! ¡Págame!
Todos lo rodearon, exigiéndole a gritos que les pagara.
¡Aarón sentía que le iban a estallar los oídos!
—¡No tengo dinero! Ustedes me lo dieron porque quisieron. Todo lo hicieron pensando que yo iba a ser el yerno del Grupo Fonseca. ¿Creen que soy estúpido y no sé cuáles eran sus intenciones? Ahora que estoy jodido, vienen todos a cobrarme. ¡Pues no les voy a dar nada! ¡Ni un solo peso! —les gritó Aarón a todo pulmón.
—Que no hayas podido ser el yerno del Grupo Fonseca, ¿qué tiene que ver con nosotros? ¡Que te hayamos prestado dinero es muy aparte! ¡Tienes que pagarnos!
—¡Exacto! Al principio te sentías muy chingón, presumiendo que todo el Grupo Fonseca iba a ser tuyo. ¡Y mira nada más, eres una basura a la que corrieron a patadas!
—¡Por creer en tus mentiras! Esos cien mil pesos son los ahorros de todos estos años. ¡Me los vas a pagar!
Mientras más hablaban, más se encendían los ánimos. El grupo se abalanzó sobre él y empezaron los golpes.
Entre todos acorralaron a Aarón y le dieron una buena paliza.
Por suerte, un peatón vio el escándalo y llamó a las autoridades. La policía llegó a tiempo para dispersar a la multitud y salvarle el pellejo a Aarón.
Miró la pantalla. Era Aarón. Al final, no pudo evitar contestar.
—¿Para qué me llamas? —preguntó Leticia con voz quebrada.
—Leticia, te extraño. Perdóname, ayer no debí tratarte así. Lo he estado pensando mucho y decidí llamarte para pedirte disculpas. Ya me di cuenta de todo. A la que amo es a ti, no me importa todo lo demás. Así que estoy dispuesto a darte otra oportunidad para que volvamos. ¡Aprovéchala bien!
¡Al escuchar esto, Leticia se llenó de una alegría desbordante!
—Aarón... ¿hablas en serio?
—Por supuesto que sí. Vamos a vernos en persona para platicarlo bien.
—¡Sí! —respondió Leticia, temblando de emoción.
No tardaron mucho en reunirse.
—¡Aarón! ¿Qué te pasó en la cara? —exclamó Leticia al ver los moretones, sintiendo una punzada en el corazón.
—Ni me lo recuerdes, fueron esos malditos cobradores. Leticia, yo lo di todo por ti en el pasado. Ya lo pensé bien, ¡tenemos que volver a estar juntos! ¡No dejemos que esto se pierda!
—¿De verdad lo dices de corazón? ¿No decías antes que yo no era suficiente para ti? —le preguntó Leticia con un toque de duda.

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