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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1050

Delfina temblaba de pies a cabeza.

No era solo miedo, sino la conmoción de ver una verdad hecha pedazos.

—Boris... la muerte de Boris... ¿Francisco también tuvo que ver?

¿Cómo era posible? ¡¿Cómo podía ser?!

Desde que se casó con un Juárez, para asegurar su posición como la señora de la casa y proyectar la imagen de madrastra perfecta, aunque en el fondo detestaba a Francisco, siempre se desvivió por él.

Incluso cuando Lázaro era niño, ella trataba mejor a Francisco que a su propio hijo.

Si había algo bueno, primero era para Francisco y Boris.

Ella pensaba que, si hacía bien su papel, Francisco le echaría una mano a Boris por consideración a ella.

Pero al final...

¡Resultó ser una víbora malagradecida! ¡Tan cruel, tan despiadado!

Al ver que Lázaro estaba a punto de abrir la puerta para irse, Delfina reaccionó de golpe y corrió hacia él, agarrándolo de la muñeca.

—¡Lázaro! ¡No te vayas!

Delfina tenía los ojos rojos y la voz desgarrada.

—Mamá se equivocó... de verdad no sabía que era así...

—Si hubiera sabido que la muerte de Boris tenía que ver con él, ¡jamás me habría puesto de su lado!

Se aferró a él como a una tabla de salvación, balbuceando:

—¡Pero tampoco puedes ser tan impulsivo! Si Francisco pierde sus acciones y tú las tuyas, ¿qué va a pasar con el Grupo Juárez?

—¿No le prometiste a Boris que cuidarías la empresa?

Lázaro bajó la vista hacia la mano que lo sujetaba con fuerza.

Eran unas manos perfectamente cuidadas, que nunca habían hecho trabajo pesado.

Pero eran las mismas manos que lo habían empujado lejos una y otra vez.

Con el rostro inexpresivo, levantó su otra mano y, dedo por dedo, le soltó el agarre.

—Ese es mi problema.

Se acomodó la manga arrugada, con un tono tan distante como si hablara con una extraña.

—Madre, preocúpate por ti misma primero.

—No preguntes lo que no debes, no te metas donde no te llaman. No vaya a ser que te quemes y pierdas lo poco de dignidad que te queda.

Sin mirarla más, abrió la puerta y se marchó a paso largo.

Fue directo al área de asistentes para aprovechar el tiempo y gestionar el traspaso.

...

En la oficina vacía, solo quedó Delfina.

Se quedó paralizada, sintiendo un frío que le subía desde los pies hasta la cabeza.

Desde que Iker la mandó de regreso a la familia Soler sin miramientos, su vida había caído del cielo al lodo.

Capítulo 1050 1

Capítulo 1050 2

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