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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1052

El rostro de Camila se ensombreció.

Sin embargo, no perdió los estribos. Barrió el lugar con la mirada y se detuvo un instante al notar el auto de Karina a unos metros.

Luego, volvió a fijar sus ojos en Delfina y habló con frialdad:

—Delfina, ¿segura que quieres hablar de esto aquí?

Delfina soltó una risa burlona:

—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿Te asusta que la gente sepa tus trapos sucios?

—¡Aunque estuviera aquí el mundo entero, te lo diría en tu cara!

Dio un paso adelante, con una mirada cargada de desprecio:

—¿Quién en nuestro círculo no sabe lo que eres?

—¿De verdad crees que esas señoras te respetan a ti?

—¡Por favor! Respetan el título que llevas. ¡Si te quitan esa fachada, no sirves ni para limpiarme los zapatos!

Camila observó a la mujer frente a ella, que había perdido toda compostura, y sintió una oleada de asco.

La antigua Delfina al menos mantenía las apariencias.

Ahora, la envidia la había deformado por completo.

—¿Terminaste? —preguntó Camila, gélida.

—¡No he termin…!

¡Zas!

Una bofetada nítida y brutal resonó en el aire.

La cabeza de Delfina se sacudió hacia un lado, trastabilló y casi pierde el equilibrio.

Se llevó la mano a la mejilla, que ardía y se hinchaba por segundos, con la mente en blanco.

Sintió un dolor punzante en la comisura de los labios y el sabor metálico de la sangre en la boca.

Eliana, que estaba detrás de ella, ¡palideció!

¡No había reaccionado a tiempo!

El golpe de Camila había sido demasiado rápido, decidido y sin aviso previo; apenas alzó la mano, la dejó caer.

Eliana se interpuso de inmediato para proteger a Delfina, mirando a Camila con guardia alta.

Delfina giró el rostro lentamente, incrédula.

Se tocó la comisura de los labios con dedos temblorosos y, al ver la sangre, sus pupilas se contrajeron.

—Tú… ¡¿te atreviste a pegarme?!

Camila dio un paso al frente, liberando de golpe la autoridad de alguien acostumbrado al poder.

—Y te lo mereces.

Delfina, intimidada por esa presencia, retrocedió medio paso por instinto, balbuceando: —Tú… ¿qué vas a hacer?

Camila tomó una toallita húmeda que le ofreció su asistente y se limpió la mano con la que había golpeado, con parsimonia.

Su mirada era hielo puro: —Parece que la lección de la última vez no fue suficiente para que la Sra. Alarcón dejara de venir a ladrar disparates frente a mí.

Dicho esto, sacó su celular del bolso y marcó un número.

Y puso el altavoz.

Al primer tono, contestaron.

Una voz masculina y sombría respondió, con un tono adulador: —¿Sra. Duarte? ¿A qué debo el honor de su llamada?

Capítulo 1052 1

Capítulo 1052 2

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