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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1064

Sebastián empujó la puerta y se bajó del coche.

Apenas la cerró, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, el auto aceleró a fondo y se alejó.

Lo dejó tragando el humo del escape.

Sebastián entrecerró los ojos, mirando fijamente las luces traseras que se perdían en la distancia.

Hacía girar su celular en la mano y en sus labios se dibujó una sonrisa maliciosa.

—Genio y figura hasta la sepultura.

Pero, sin saber por qué, le entraron unas ganas inmensas de seguir poniéndole trampas a esa mujer y desenmascarar esa faceta fingida que tanto presumía.

Se dio la vuelta y entró al vestíbulo. Mientras caminaba hacia el elevador, sacó su teléfono y le mandó un mensaje de texto a Olivia.

[Tengo un cliente muy importante que necesita diez tractores enormes para su empresa. ¿Crees poder darme un precio de empleado? Yo me encargo de pagarte la diferencia por debajo del agua, para que no quede registrado.]

Ese tipo de comisiones bajo la mesa era la prueba de fuego perfecta para descubrir qué tan corrupta y avariciosa era en realidad una persona.

Estaba seguro de que, ante un negocio de ese tamaño, Olivia iba a caer redondita.

Presionó enviar con total confianza.

Sin embargo...

¡Justo cuando el mensaje salió, un llamativo signo de exclamación rojo brotó en su pantalla!

[El mensaje fue enviado, pero el destinatario lo ha bloqueado.]

Sebastián se quedó clavado en el piso, a punto de irse de boca.

Se le quedó viendo a ese círculo rojo con cara de completa incredulidad.

¡Esta mujer agarró su dinero y, un segundo después, lo volvió a borrar!

—¡Olivia Acosta!

Presionó la lengua contra los dientes con tanta rabia que le dolió; sintió un nudo de frustración en el pecho como nunca antes en su vida.

De acuerdo.

Estaba perfecto.

Sebastián entró al elevador a zancadas, con la cara más sombría que el cielo antes de una tormenta.

***

Al mismo tiempo, en otra parte de la ciudad.

Lázaro Juárez y Karina Leyva salieron del club, pero no regresaron al complejo residencial La Cresta del Dragón Azul.

El viaje de ida y vuelta iba a tomarles por lo menos una o dos horas, y para Lázaro, con su inminente separación mañana, eso era desperdiciar tiempo valioso.

Por eso decidió alquilar una habitación en un hotel de cinco estrellas cercano.

Pasó la tarjeta y la puerta se abrió.

Apenas y había un hueco cuando Lázaro agarró a Karina de su fina cintura y la jaló hacia adentro del pasillo de la entrada.

Cerró la puerta de un empujón con el talón y los besos no se hicieron esperar, lloviendo sobre ella de manera avasalladora.

Capítulo 1064 1

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