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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1175

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Una chica con lentes de armazón grueso habló en voz baja:

—Kari, no se trata de las condiciones.

Un chico a su lado añadió con una sonrisa amarga:

—Así es, Kari. Admiramos tu talento y creemos en el futuro de JS.

—Pero... JS no tiene ni un año de fundada. Ni siquiera han lanzado su primer producto principal de manera oficial.

El chico hizo una pausa; su tono era realista y muy directo.

—Ya casi tenemos treinta años. No somos genios como Santiago, que además es joven y tiene respaldo familiar. Él puede darse el lujo de perder.

—Ir a JS es como una apuesta a ciegas. Si ganamos, excelente. Pero si perdemos... nuestras carreras profesionales podrían arruinarse.

—Por buscar estabilidad, solo podemos elegir grandes corporaciones u hospitales de renombre.

Así de cruda era la realidad.

No todos tenían el valor de arriesgarse a la locura de acompañar a una startup.

La mayoría solo quería asegurar su lugar en la ciudad.

Los dedos de Karina se curvaron ligeramente a los costados de su cuerpo.

—¡Oigan! ¿De qué tonterías están hablando?

Santiago no soportó más; sus ojos reflejaban incredulidad y enojo.

—¿Acaso no quieren que nuestro proyecto vea la luz?

—¡Es el fruto de nuestro esfuerzo! ¡Con un poco más de tiempo y fondos, podría cambiar el mundo!

—¿Cómo pueden abandonar una oportunidad así por un poco de "estabilidad"?

—¿A qué van a Pfizer? ¿A fabricar sus malditos analgésicos?

Ante los reclamos, nadie se sintió avergonzado; por el contrario, sus miradas se volvieron más firmes.

El chico que iba a Pfizer negó con la cabeza, sonando resignado:

—Santiago, tú eres un genio. Puedes arriesgarlo todo por un ideal.

—Pero nosotros sabemos perfectamente la cantidad de barreras tecnológicas que hay que superar para que el proyecto sea viable a nivel comercial. Es un pozo sin fondo.

—Incluso Neuralink, con miles de millones de dólares quemados, todavía está haciendo pruebas en animales.

—Kari tiene dinero, y JS tiene potencial, pero con todo respeto, el tamaño actual de JS no puede soportar ese nivel de desgaste.

—Si se corta el flujo de capital y cancelan el proyecto, ¿qué haremos nosotros?

Santiago miró a Karina con preocupación.

—Kari, ellos...

—No te preocupes.

Karina lo interrumpió.

Ella sabía aceptar una derrota.

Si no podía retenerlos, al menos dejaría una buena impresión.

—Tienen toda la razón. Fui yo quien no lo consideró a fondo.

Fue colocando uno por uno los regalos que había traído frente a ellos.

Una frustración que jamás había sentido.

Creía que con pura sinceridad podría ganarlo todo.

Pero la realidad le acababa de dar una lección magistral.

Sacó el celular y, por instinto, llamó al primer número fijado en sus contactos.

Cuando escuchó el tono de llamada, de repente reaccionó.

En Boston era de tarde, lo que significaba que en su país debían ser las tres o cuatro de la madrugada; Lázaro seguro estaba dormido.

Iba a colgar, pero la llamada fue contestada.

—Mi amor.

La voz del hombre llegó a través del auricular.

Al escuchar esa voz, Karina sintió un nudo en la garganta.

La fortaleza que había mantenido frente a los demás casi se derrumbó en ese instante.

Respiró hondo, conteniendo el llanto sin decir nada.

Él pareció notar la alteración en su respiración.

—¿Qué pasa?

Guardó silencio un momento y luego añadió en voz baja:

—Me dijeron que los del laboratorio ya se fueron... ¿Fuiste a reclutar gente y... perdiste a todos?

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