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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1179

Unos pocos minutos después, sonó el timbre.

Al abrir la puerta, Karina vio a Santiago con las manos llenas de botanas, frutas e incluso un par de botellas de agua mineral con gas.

—Hola, Kari.

Sonreía alegremente, con sus ojos azules brillando.

—Pensé que como íbamos a trabajar, debería traer algo para picar.

Harlene, que estaba sentada en el suelo revisando la tablet, volteó la cabeza, lo miró de reojo y soltó un silbido burlón:

—Vaya, vaya. Antes, cuando ibas a mi departamento, no me invitabas ni un triste café, y ahora que vienes con Kari parece que quisieras vaciar el supermercado. Cuidado, me voy a poner celosa.

Santiago dejó las cosas en la mesita y se rió:

—Como sabía que tú también estarías, traje de más para que comamos los tres.

—¿Ah, sí? Pues no me haré de rogar.

Harlene abrió una bolsa de papas fritas y empezó a comerlas ruidosamente.

Santiago se quitó el abrigo y se sentó junto a la mesita.

Harlene deslizó la tablet hacia él.

—Mira esto.

La pantalla mostraba un complejo modelo 3D de las neuronas del cerebro. La zona del hipocampo estaba marcada en rojo.

Señaló con el dedo una mancha en la pantalla y su tono se volvió serio:

—Revisa estos datos de residuos de neurotransmisores y la forma en que se bloquearon las sinapsis. ¿No te recuerda al tipo tres de "Mandala" que vimos en los archivos clasificados?

Santiago se inclinó para observar de cerca.

Segundos después, contuvo la respiración; su rostro se volvió tenso.

—Si se trata de ese bloqueador, el daño a la corteza cerebral es irreversible. Es como echar ácido en una placa de circuitos; en casos graves, la persona podría quedar con el intelecto de un niño de siete años, o incluso en estado vegetativo.

Karina, sentada a su lado, sintió que su corazón daba un vuelco.

Harlene notó su nerviosismo y le dio unas palmaditas en el brazo:

—Tranquila.

—Dentro de todo lo malo, lo bueno es que tanto la persona que te inyectó como los médicos que te trataron después, protegieron excelentemente tus vías neurológicas.

Santiago asintió apoyándola:

—Así es. La estructura principal del hipocampo sigue intacta. Eso significa que tus recuerdos no han desaparecido, simplemente están guardados en una caja fuerte cerrada.

Ambos entraron en modo académico y sus bocas comenzaron a disparar términos técnicos complicados.

—Plasticidad sináptica...

—Potenciación a largo plazo...

—Permeabilidad de la barrera hematoencefálica...

Karina los escuchó en silencio, observando cómo esos dos genios se exprimían el cerebro por ella.

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