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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 226

Por otro lado, en cuanto Karina puso un pie en el Edificio Galaxia, se dirigió directo al departamento de tecnología.

Había muy pocas personas en sus escritorios y, al verla entrar, se pusieron de pie de inmediato, saludándola con respeto y nerviosismo.

—Srta. Karina.

El resto de los empleados, sin embargo, le lanzaron miradas cargadas de burla y malicia.

Algunos incluso se acercaron entre ellos y empezaron a cuchichear en voz baja.

—Mira nada más, sí se atrevió a venir. Escuché que el Sistema Firmamento está a punto de ser eliminado a la fuerza.

—¿Y qué hizo para llegar tan lejos? Dicen que se enredó con el Sr. Boris y que todo lo de la compra fue puro teatro.

—¿Qué más pudo ser? Seguro se acostó con él, si no, ¿por qué el Sr. Boris dejaría que las acciones de Grupo Galaxia acabaran en sus manos? Este tipo de mujeres tarde o temprano hunden la empresa.

Justo cuando estaban absortos en sus rumores, una voz cortante e inesperada tronó sobre sus cabezas.

—Veo que les encanta el chisme. Si quieren, los mando de paquete a Grupo Juárez para que le cuenten todo esto al Sr. Boris en persona, ¿cómo ven?

Los empleados se quedaron tiesos de inmediato y levantaron la mirada, pálidos del susto.

Karina ya estaba parada frente a ellos, con los labios dibujando una sonrisa que no era sonrisa, y los ojos tan fríos como el hielo.

Sin siquiera mirarlos de nuevo, Karina giró la vista hacia el director del departamento, Felipe, que acababa de acercarse.

Con voz tranquila, dijo:

—Sr. Felipe, estos empleados están usando el horario laboral para inventar rumores y desprestigiar a la dirección de la empresa. Según el manual del empleado, ¿cómo se debe proceder?

Felipe dio un paso al frente con seguridad.

Ya estaba harto de Fátima y de ese grupito de aduladores que la seguían a todos lados. Desde que Fátima llegó de la nada como subdirectora, su propio puesto de director se había vuelto una tortura. Sus propuestas siempre quedaban estancadas mientras las de Fátima pasaban sin problema, y ese grupo, aprovechando el respaldo de ella, hacía lo que quería en el departamento.

Por eso, no lo pensó dos veces. Enderezó la espalda y alzó la voz con firmeza:

—Srta. Karina, según el reglamento de la empresa, artículo siete: Cualquier empleado que difunda rumores o calumnie a la dirección, afectando la reputación de la compañía, debe ser despedido de inmediato, sin derecho a compensación.

Karina ni siquiera les dedicó otra mirada, simplemente se dio media vuelta.

—Entonces, hágalo así.

El mensaje era claro: ninguno se salvaba.

Al escucharla, los empleados saltaron de sus escritorios.

Capítulo 226 1

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