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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 362

Al mediodía, Karina acababa de arrasar con todo un estante de bloques para Javier, cuando su celular sonó de repente.

Era un número desconocido.

Contestó y, al otro lado, una voz masculina, grave y familiar, se hizo presente.

—Karina, soy el señor Sergio.

Karina se quedó congelada por un instante.

Era nada menos que el padre de Valentín, Sergio Lucero.

—Quisiera platicar contigo. Ven al Café Valle Sereno, te espero aquí.

Ella apretó el celular entre los dedos.

Durante los siete años de su vida anterior, toda la familia Lucero la criticó a sus espaldas por no poder tener hijos, salvo su suegro, el señor Sergio, que jamás le hizo ningún desplante.

Por respeto y por sentido común, no podía rechazar la invitación del señor Sergio solo por culpa de Valentín.

—Está bien, señor Sergio. Voy para allá.

Al colgar, dejó a Javier y la montaña de juguetes en manos de un guardaespaldas, y le advirtió con firmeza:

—No le quites los ojos de encima.

Solo llevó a otro guardaespaldas consigo y se dirigió hacia la cafetería.

El Café Valle Sereno quedaba a solo unos pasos del centro comercial.

Al llegar, Karina distinguió de inmediato la silueta serena de Sergio junto a la ventana.

Sergio había sido empresario en su juventud, pero hacía unos veinte años se había lanzado a la política.

El patrimonio de los Lucero lo había construido Emiliano Lucero, el abuelo, pero Sergio nunca pareció tener mayor interés en los negocios familiares y delegó la dirección a alguien capaz muy pronto.

Por eso, el Grupo Lucero había logrado mantenerse fuerte, pero no pasaba de ahí.

Todo cambió cuando Valentín regresó a la vida.

Lo primero que hizo fue cancelar el compromiso, y lo segundo, tomar el control del Grupo Lucero.

A diferencia de ella, Valentín era el heredero legítimo. Un hombre en el mundo de los negocios tenía mucho más margen de acción, las reglas no lo ataban de la misma manera, y arrebatar el poder le resultó pan comido.

En cuanto se adueñó del Grupo Lucero, aprovechó todo lo que sabía de su vida anterior para acaparar recursos y, a pulso, llevó al Grupo Lucero a colocarse justo por debajo del Grupo Juárez en Villa Quechua.

—Señor, no tiene por qué disculparse. Eso es entre Valentín y yo. Usted no tiene nada que ver.

Hizo una pausa, pero mantuvo la guardia alta y fue directa.

—Señor, si Valentín le pidió que viniera a convencerme, le digo de una vez que no es necesario.

—Ya estoy casada, y entre Valentín y yo no hay nada más.

Pero Sergio negó con la cabeza y soltó un suspiro.

—Él no sabe que vine a buscarte. Solo quiero platicar contigo, nada más.

—Desde la noche antes de su boda, cuando se incendió aquel bar, Valentín cambió por completo. Como si lo hubieran embrujado y solo existiera Fátima para él.

—Estos años he estado demasiado ocupado, y desde que su madre se fue, descuidé mucho su educación. Cuando me enteré, él ya había decidido por su cuenta romper el compromiso contigo. Hablé con él, pero no me hizo caso.

La mirada de Sergio reflejaba una mezcla de impotencia y disculpa.

—Siempre quise encontrar el momento de hablar bien contigo, pero últimamente el trabajo en el gabinete me ha absorbido. Hoy, que es fin de semana, al fin encontré un hueco.

—Karina —preguntó con suavidad, con ese tono de los mayores que buscan consolar—, ¿tú no me guardas rencor, verdad?

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