Sebastián no dijo ni una sola palabra y, sin pensarlo, fue directo y levantó a Belén en sus brazos como si no pesara nada.
—¡Abogado Sebastián, eso que hace no está bien! —Mario se apresuró a alcanzarlo, con el semblante serio—. Mejor entre los dos la ayudamos, cada quien de un lado, y la llevamos a casa.
Sebastián se detuvo un momento y le lanzó una mirada cortante, como si pudiera congelar a cualquiera.
No se le olvidaba que este tipo, la primera vez que vio a Belén, lo primero que preguntó fue si tenía novio.
—Ella es mi empleada, ¿qué tiene que ver contigo? —replicó Sebastián con una sonrisa desdeñosa, cargando a Belén rumbo a la salida.
Mario, necio, se metió al elevador detrás de ellos, sin perder de vista a Sebastián, temiendo que aprovechara para pasarse de listo con la Belén borracha.
Lo siguió hasta la puerta del departamento de Belén. Sebastián, sin siquiera mirar el teclado de la cerradura, levantó su mano y presionó directamente con el dedo en el lector de huellas.
—Bip—
La puerta se abrió.
Mario, boquiabierto, lo señaló con el dedo.
—Tú, tú, tú... —balbuceó, sin poder articular una frase.
Sebastián soltó un resoplido victorioso y, entrando como si fuera su propia casa, llevó a Belén directo al cuarto y la acomodó en la cama.
Mario no se despegó de él, atento a cualquier movimiento, dispuesto a asegurarse de que Sebastián no hiciera nada indebido. Solo cuando la vio a salvo, se preparó para irse.
Sebastián se recargó en el marco de la puerta, relajado.
—¿Sí sabes lo que significa que el que está cerca tiene la ventaja, verdad? Ni te esfuerces en competir conmigo, ¿de verdad crees que tienes chance?
Mario se puso rojo como jitomate.
—Solo me preocupa que, estando borracha, alguien trate de aprovecharse de ella, no estoy compitiendo contigo.
Dicho eso, se dio la vuelta y se fue.
Sebastián chasqueó la lengua, pero tampoco se fue. Al contrario, se tiró en el sillón de la sala y cerró los ojos como si estuviera en su casa.
...
Cuando todos se fueron, el gran salón se sintió vacío de golpe.
Karina estuvo a punto de preguntarle algo a Lázaro, pero él contestó una llamada justo en ese momento.
Parecía muy importante, porque solo respondió con un par de monosílabos y su expresión se volvió seria.
Al notar que ella se acercaba, Lázaro se giró y salió al balcón, cerrando la puerta de cristal tras de sí, como si no quisiera que nadie lo oyera.
Karina se detuvo, ya no quiso seguirlo y regresó al sillón, distraída mirando el celular.
No supo cuánto tiempo pasó, pero finalmente Lázaro terminó la llamada y entró de nuevo, caminando con paso decidido.
Al día siguiente,
Hugo llegó de nuevo para transferir el sistema, pero traía el ceño fruncido.
—Señorita Karina, esa persona me pidió que hoy mismo termine de copiar todos los sistemas restantes.
Karina asintió, señalando la laptop en el escritorio.
Hugo empezó a trabajar de inmediato, pero no pudo evitar mostrar su preocupación.
—Falta solo una semana para la final del concurso. Si ese sistema termina en sus manos, ¿no significa un riesgo para usted?
Karina no dio mayores explicaciones.
—Hazlo como planeamos, entrégaselos.
Viendo que Karina estaba tranquila y segura, Hugo se quedó un poco más tranquilo, aunque recordó otro asunto.
—Ah, señorita Karina, ayer cuando fui a ver a esa persona, noté que ahora la rodean aún más hombres.
—Uno de ellos incluso iba con una mujer: alta, delgada, piel morena y cabello corto, se veía como alguien peligrosa.
—Vi que ella recibió una orden y salió rápido. Me preocupa... ¿No será que planean hacerle algo a usted?

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