Ante las palabras de Lázaro, apenas se le dibujó una leve curva en la comisura de los labios, pero en sus ojos no asomó ni rastro de alegría.
—Sobre mi esposa no tiene que preocuparse, señor Valentín.
—Aunque, sí es cierto que esta vez, si mi esposa logró salir con vida, fue gracias a la ayuda que usted brindó —añadió, bajando un poco el tono.
—¿Ayuda? —replicó Valentín, como si acabara de escuchar el chiste más absurdo del mundo, y soltó en tono seco—: Yo solo salvé a la mujer que amo, eso no es ayuda.
El semblante de Lázaro se endureció.
Aun así, no se rebajó a discutir con ese hombre que, claramente, no quería entender razones.
Con sus dedos largos, pulsó varias veces la pantalla de la tableta y luego la giró para que Valentín pudiera verla.
—Para ganarte la confianza de Iván, lanzaste seis mil millones de pesos.
—Yo te ayudé a recuperar cinco mil millones. Todo ese dinero ya regresó a tu cuenta.
—El mil millones restante, buscaré la forma de devolvértelo.
El entrecejo de Valentín se crispó de golpe.
Jamás se le habría ocurrido que Lázaro pudiera rastrear con tanta precisión el destino de su dinero.
Aquella suma se había entregado directamente a los narcotraficantes, y aun así, en tan poco tiempo, logró recuperar casi todo…
Valentín prefería no imaginar qué clase de equipo terrorífico tenía ese hombre bajo su mando.
Sin embargo, no perdió la oportunidad de mostrar su desdén.
—Mientras ella esté a salvo, no me importaría tirar no seis, sino sesenta mil millones.
Levantó el mentón en abierto desafío.
—Pero dime, ¿tú tienes esa capacidad para tirar dinero así?
—Lázaro, tú te dedicas a un trabajo donde cada día puedes no regresar, nunca sabes si mañana seguirás vivo.
—No vas a poder protegerla toda la vida.
—Devuélvemela.
Lázaro soltó una carcajada cargada de burla.
—Mira quién habla. El hombre que le fue infiel antes de casarse, que la dejó tirada y la lastimó, ¿y aun así te atreves a decir eso con toda la cara?
—Señor Valentín, de todos los cinismos que he visto, el suyo es de campeonato.
Valentín enseguida captó el doble sentido.
Aquello no era un cumplido, sino un insulto directo a su descaro.
Valentín entrecerró los ojos, analizando a ese hombre frente a él.
En la Federación de Costaverde, todos detestaban a los narcos.
Y no mentía, pues al principio creyó que esos tipos solo eran mercenarios de frontera, gente que hacía cualquier cosa por dinero.
Fue hasta que el ejército casi lo atrapó, que supo a quiénes había ayudado a escapar.
Eso le había costado noches de rabia y hasta fue a enfrentar a Sabrina Barrios.
Pero esa mujer se mantuvo firme, asegurando que solo eran mercenarios. Incluso cuando le mostró pruebas, ella insistió en su ignorancia y, al final, lo arrastró consigo al desastre.
Para colmo, llegó a chantajearlo con casarse con Fátima.
Quizá fue desde entonces que empezó a detestar a ese par de madre e hija.
Por eso, cuando Fátima fue humillada por otros, no dudó ni un segundo en aprovecharlo como pretexto para romper el compromiso.
Después de todo, la sangre que corría por sus venas era la más pura de la Federación de Costaverde.
Además, su propia madre había muerto por culpa de esa familia.
Valentín reflexionó un momento, frunciendo el ceño antes de preguntar:
—Si ya lograste averiguar todo sobre mí, ¿acaso también descubriste que Sabrina tiene un pasado bastante turbio?

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