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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 463

—¿Tener dos pequeñitos solo para consentirlos? —preguntó Belén con picardía.

Karina se quedó inmóvil, sin quitarle la vista al video donde dos niños adorables y cachetones jugaban sin preocupación. No respondió de inmediato.

Belén se acercó todavía más, con voz suave y cautelosa:

—A ver, dime en serio, ¿nunca se te ha pasado por la cabeza tener un hijo con tu esposo?

Los dedos de Karina rozaron distraídos la funda de su celular.

Si no hubiera vivido todo lo que pasó en la frontera norte, nunca lo habría pensado. De hecho, hasta lo habría rechazado por completo.

Pero ahora…

Se le vinieron a la mente las veces en que Lázaro estuvo al borde de la muerte, su paciencia y ternura, y aquellas preguntas tímidas que él le hacía cuando hablaban de tener hijos.

Karina sintió que, si ya había dejado el pasado atrás como si fuera un sueño, no tenía caso seguir atada a viejas heridas y arruinarse el futuro.

—Antes no quería —susurró al fin—, pero ahora…

Los ojos de Belén se abrieron como platos, rebosando emoción.

—¿Y ahora qué? ¡Cuéntame, Kari!

Karina dejó escapar una sonrisa suave, llena de calidez, y justo cuando iba a responder…

—Toc, toc, toc.

Alguien llamó a la puerta del cuarto.

—¡¿Quién es?! ¡Vaya momento tan oportuno! —aventó Belén, con el enojo atorado en el pecho. Fue casi corriendo a abrir la puerta.

En el umbral estaba un hombre de cabello corto, piel tostada por el sol y una sonrisa bonachona.

Al ver a Belén, se rascó la cabeza con nerviosismo.

—Señorita Belén, el señor Lázaro me pidió que le diera un recado a la señora. ¿Puedo pasar?

Karina reconoció la voz y respondió en seguida:

—¡Claro, pasa! Adelante, por favor.

El hombre entró y Karina lo reconoció de inmediato: era Issac, uno de los muchachos que trabajaban con Lázaro.

Issac le sonrió de nuevo, tímido y sincero.

—Señora, el señor Lázaro me mandó a decirle algo —comenzó—. Que si usted necesita un lugar y equipo para probar su sistema, detrás del hospital hay un edificio viejo desocupado que puede usar.

—No se puede —dijo con resignación, mirando a Issac—. Tal vez haya que cambiar unas piezas internas. ¿Puedes preguntar si me venden este dron?

Issac agitó las manos, negando con vehemencia, la cara morena llena de honestidad.

—¡No, señora! ¡Eso ni pensarlo! Este sistema suyo, al rato va a ser fundamental para los de rescate. Si necesita algo, la estación de bomberos se lo presta sin condiciones, ¡lo que sea!

Karina reflexionó un momento y terminó por aceptar.

—Entonces, ¿me ayudas a conseguir un juego de herramientas para desmontar piezas delicadas?

No tardaron en traer el equipo. Karina sacó del maletín su chip principal y el módulo de transmisión de datos, y comenzó a desarmar el dron para reemplazar las piezas.

Issac miraba atónito, casi sin parpadear.

No lograba entender cómo esa mujer, que parecía tan tierna y frágil, podía desarmar aparatos mejor que cualquier ingeniero.

Belén, en cambio, tenía una expresión de orgullo, como si todo fuera lo más normal del mundo.

—Mi Kari, desde que estaba en la universidad, armaba sus propias computadoras. Esto no es nada para ella.

En poco tiempo, Karina terminó de cambiar las piezas y el sistema se integró con éxito.

Pero cuando intentó iniciar el dron, surgió un nuevo obstáculo...

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