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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 464

El sistema de detección óptica original del dron no tenía suficiente potencia; era imposible que pudiera con el algoritmo de captura visual dinámica tan avanzado de su IA.

De pronto, a Karina se le ocurrió el sistema “Ojo de Águila” que usaban los drones militares.

Instintivamente, volteó a ver a Issac, pero al querer decir algo, se detuvo, algo apenada.

Issac lo notó de inmediato y se adelantó.

—¿Te falta algún otro componente, Karina?

Karina, resignada, señaló la placa de control.

—Este sistema de detección no tiene la capacidad para soportar mi núcleo inteligente. No tengo uno a la mano, necesito un sensor mucho más potente.

Issac, sin pensarlo dos veces, tomó su celular y se apartó para hacer una llamada.

Poco después, regresó con una sonrisa bonachona pintada en el rostro.

—Karina, descansa un rato. El señor Lázaro ya terminó sus pendientes, dice que en un momento nos trae lo que necesitas.

Karina se sorprendió.

Dejó sus herramientas, se lavó las manos y, bajo la insistencia de Belén, fue a sentarse bajo el alero de la casa a comer.

No pasó mucho cuando un estruendo ensordecedor retumbó a lo lejos, haciendo vibrar los vidrios de las ventanas.

—¿Qué fue ese ruido? —Belén, curiosa, asomó la cabeza.

En ese instante, sus ojos se abrieron como platos y, emocionada, le jaló el brazo a Karina.

—¡No manches! ¡Está increíble! ¡Kari, mira eso!

Karina siguió la dirección que le señalaba.

En el pasto, a poca distancia, dos helicópteros militares de color verde oscuro aterrizaban mientras levantaban una tormenta de polvo.

Belén chilló de emoción.

—¡Kari, seguro es tu esposo!

Karina también miraba hacia allá.

Apenas los helicópteros se estabilizaron, la puerta del primero se deslizó hacia un lado.

Un hombre alto y de porte imponente saltó desde la cabina.

Vestía un uniforme negro de operaciones especiales que acentuaba sus hombros anchos, cintura estrecha y piernas largas; las botas militares hundían el césped bajo su peso.

Se quitó el casco y, bajo el corte de cabello corto y pulcro, su cara se veía aún más decidida y atractiva.

Sin la máscara, la línea de su mandíbula era definida y la expresión en su mirada, dura y decidida, transmitía esa energía de quien aún no deja atrás el campo de batalla. Caminó directo hacia ella, con paso firme.

Karina se quedó absorta, sin poder evitarlo.

Justo iba a quitarse el chaleco antibalas, pero se quedó en pausa.

Un leve rubor le subió a las orejas.

Carraspeó, desvió la mirada y señaló con el mentón hacia atrás.

—Ve a revisar el dron, a ver si encuentras lo que necesitas.

A pesar de que ya habían atrapado a Iván, todavía quedaban varios de sus aliados sueltos.

Ese día, antes del amanecer, habían salido a buscar a los fugitivos. El dron que traían era el de reconocimiento; los demás ya habían regresado.

Al saber que Karina necesitaba piezas, Lázaro simplemente ordenó traer uno.

Fue entonces que Karina se fijó en esa máquina impresionante.

Corrió hacia ella. Era la primera vez que podía ver un dron militar tan de cerca.

Todos los datos y fotos que había visto en libros y reportajes cobraban vida frente a sus ojos.

La estructura del dron era robusta y poderosa, cada pieza transmitía fuerza y precisión.

Karina tenía la mirada encendida de emoción. Volteó hacia Lázaro y preguntó:

—¿Puedo desarmarlo?

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