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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 470

Las voces, aunque susurradas, no podían ocultar la admiración en el aire. Karina Leyva se sentía tan impactada como todos los demás.

Miraba al hombre que se acercaba hacia ella con paso firme, el corazón le latía con fuerza, casi desbocado.

Lázaro Juárez llegó rápidamente hasta donde estaba ella. Sus ojos intensos apenas se detuvieron un instante en su cara antes de enfocarse en el bombero más cercano. Su voz, profunda y segura, resonó con autoridad:

—¿Cómo van los preparativos?

El bombero, tan emocionado que hasta se sonrojó, se cuadró de inmediato y gritó:

—¡Reporte, capitán! ¡Ya terminamos todo según lo que pidió la señora!

Lázaro alzó el mentón y dio la orden con contundencia:

—Todos, retírense de aquí.

—¡Entendido!

En segundos, todos soltaron lo que tenían en las manos y se retiraron con eficiencia.

Mario fue el encargado de la última revisión. Cuando estuvo seguro de que todo estaba en orden, le hizo una seña de OK a Lázaro, y enseguida encendió el material inflamable preparado para la prueba.

Las llamas estallaron con un rugido —¡whoosh!— y el humo comenzó a llenar la escena.

Sin titubear ni un segundo, Karina colocó los dedos sobre el teclado y, con precisión, puso en marcha AeroVista. El dron se elevó y se lanzó directo hacia el incendio.

Todos dirigieron la mirada a la pantalla de la computadora.

El modelo 3D de todo el edificio se formó en tiempo récord en la pantalla. Los focos del incendio y los materiales peligrosos aparecieron resaltados en rojo, las señales de vida en verde.

Sin embargo, la cantidad de datos era abrumadora y el sistema tambaleó: la imagen se sacudió y luego aparecieron por unos segundos interferencias.

Karina frunció el ceño, y sus dedos volaron sobre el teclado. El código desfilaba bajo sus manos mientras ajustaba y optimizaba el sistema a toda velocidad.

Mientras tanto, Lázaro sostenía la tabla donde tenía anotadas las ubicaciones de los muñecos y los objetos peligrosos, comparando minuciosamente con la imagen de la pantalla.

Al principio, su expresión fue tranquila. Pero poco a poco, la sorpresa le fue quebrando esa calma, hasta transformarla en asombro total.

Gracias a los ajustes de Karina, la imagen se estabilizó y se veía con claridad. ¡No faltaba ni un solo detalle!

Incluso el muñeco que habían escondido adrede en el depósito de agua, junto con el tanque inflamable atado a él, aparecían perfectamente marcados.

La voz de Lázaro sonó ronca, cargada de asombro:

—Amor, ¡tu sistema sí funciona!

Karina, rodeada de esos hombres rudos que la miraban con tanta admiración, sentía que la vergüenza la invadía y hasta se le subieron los colores al rostro.

En el fondo, sabía bien que, aunque ella no estuviera ahí, tarde o temprano los ingenieros del cuartel habrían desarrollado algo parecido.

Ella solo había aprovechado el conocimiento de quien sabe lo que va a pasar, y sumado su experiencia con la inteligencia artificial, agregando elementos y conceptos avanzados, por eso su sistema les parecía tan “milagroso”.

Karina estaba a punto de decir algo humilde, pero en ese momento, un cuadro de advertencia rojo saltó en la pantalla de la computadora.

[¡Advertencia! Según el análisis de la propagación del fuego y el daño en la estructura, si no controlan el fuego central en diez minutos, ¡el edificio tiene noventa y cinco por ciento de riesgo de derrumbarse!]

Los ojos de Karina se abrieron como platos. Gritó sin pensarlo:

—¡Rápido, apaguen el fuego! ¡El edificio se va a venir abajo!

Todos cambiaron de expresión al instante.

Lázaro reaccionó al momento. Lanzó la orden con energía:

—¡Síganme!

—¡Vamos!

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