Yolanda cambió de canal como le pidió.
Como era de esperar, el canal de agricultura estaba transmitiendo noticias sobre el «Proyecto Chispa de Apoyo al Campo».
En la pantalla, una joven hermosa estaba de pie junto a una reluciente máquina agrícola, respondiendo a las preguntas de un periodista con total naturalidad.
Su mirada era brillante y decidida, y toda ella irradiaba una energía vibrante.
—Kari, esa es Olivia, ¿verdad? —preguntó Yolanda.
—Sí.
Karina añadió:
—Para tener listos los prototipos antes de la siembra de primavera, se quedó en la base durante todas las fiestas.
—Qué bonita es esa niña —dijo Yolanda, mirándola en la televisión con creciente agrado—. Se nota que es una buena persona, trabajadora y responsable.
Karina sonrió.
Olivia realmente había hecho un gran trabajo. La televisión había ido a entrevistarla hacía unos días, algo que ella ya sabía.
Su plan era meticuloso.
La aplicación se había lanzado apenas ayer, y hoy la entrevista se difundía por todas las plataformas.
En la televisión, la voz clara de Olivia se escuchó:
—…Para conocer a fondo nuestra Maquinaria Agrícola Inteligente Chispa, pueden descargar nuestra aplicación oficial, la ‘APP Chispa’, donde encontrarán descripciones detalladas y videos de demostración de todos los modelos.
Karina tomó su celular y descargó la aplicación desde la tienda.
Se registró e inició sesión.
La interfaz de la aplicación era sencilla y clara, con una amplia variedad de máquinas agrícolas.
Lo que la sorprendió fue que, a menos de un día de su lanzamiento, debajo de la página de cada modelo ya aparecía un número de reservas.
Supuso que, entre los primeros en reservar, algunos querían aprovechar el revuelo de las noticias para hacer reseñas, evaluar la funcionalidad y, de paso, ganar algo de popularidad.
Otros, simplemente tenían dinero y sentían curiosidad por este nuevo tipo de maquinaria inteligente.
Y, por supuesto, también habría un grupo de grandes agricultores con necesidades reales.
Fuera como fuera, era un excelente comienzo.
Abrió WhatsApp y le envió un mensaje a Olivia.
[Revisa con mucho cuidado el primer lote de productos que salga. No puede haber ni un solo error.]
Olivia respondió casi al instante.
[¡No se preocupe, señorita Karina! Estaré supervisando todo el proceso para asegurar que no haya ningún problema.]
Inmediatamente, apareció otro mensaje.
[Por cierto, señorita Karina, ya se confirmó la política de apoyo. Estamos en el tercer nivel.]
Karina frunció el ceño al instante.
¿Tercer nivel?
Ese grado de apoyo no era muy significativo.
Había pensado que, como mínimo, estarían en el segundo nivel.
¿Qué parte… no le había gustado a aquel hombre?
Belén, que estaba ocupada colocando la comida, se detuvo y levantó la vista con una sonrisa radiante.
—¡Pues yo! ¡Escuché que últimamente te encanta la comida de este lugar, así que fui a formarme desde temprano para comprártela!
Karina la miró con su expresión un tanto exagerada, pero no dijo nada.
Solo apretó los labios suavemente, bajó la cabeza y comenzó a comer en silencio.
Hay cosas que es mejor no preguntar con demasiado detalle.
Durante tres días seguidos, la comida de Karina fue de Brisas del Caribe.
Los platillos eran exquisitos y variados, ligeros y nutritivos, justo lo que a ella le gustaba.
No dijo nada, ni preguntó nada.
Lázaro no apareció en ningún momento.
Belén, en cambio, venía todos los días para hacerle compañía y platicar, pero nunca mencionaba a Lázaro.
El estado de salud de Karina se estabilizó por completo, y con ello, el ánimo de Yolanda también mejoró.
Ese día, justo después del almuerzo, alguien llamó a la puerta de la habitación.
Yolanda, pensando que era una enfermera, dijo sin más:
—Adelante.
La puerta se abrió, pero la persona que entró hizo que el rostro de Yolanda se ensombreciera al instante.
Era el mayordomo de la familia Juárez, a quien ya había visto dos veces.
***

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