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Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex romance Capítulo 10

—Pero, mi niña, ¿cómo no vas a tener hambre? Si sé que te encantan las costillas. Además, estás en pleno crecimiento, no puedes saltarte las comidas.

—Mamá, quiero ponerme en forma.

Cuando Elvira dijo eso, sus ojos mostraron una determinación que nunca antes había tenido.

Al verla tan decidida, Beatriz se sorprendió, pero al poco tiempo asintió con una sonrisa comprensiva y retiró el plato de costillas.

—Tienes razón. Si quieres cuidarte, entonces no te comas esto.

Antes de que Elvira pudiera añadir algo, Beatriz salió rápidamente de la habitación con el plato.

Justo cuando Elvira pensaba que su madre se había ofendido, media hora después, la puerta se abrió de nuevo y Beatriz entró con un plato diferente.

Al ver las verduras al vapor y los camarones recién hechos, Elvira se quedó sin palabras.

—Cuidar tu figura no significa que debas dejar de comer —dijo Beatriz con voz tierna—. Mañana mismo hablaré con la cocinera para que te prepare un menú más saludable.

Cuando su madre le acarició el cabello, los ojos de Elvira se llenaron de lágrimas.

Tener a sus padres allí con ella... era lo mejor del mundo.

Después de haber vivido un infierno en su vida anterior, por fin valoraba el amor incondicional de su familia.

Antes, su complejo por el peso la había cegado, ignorando por completo el calor y el refugio que sus padres le ofrecían, prefiriendo buscar validación en personas que solo la usaron.

—Gracias, mamá.

Elvira bajó la cabeza y, sin que su madre la viera, se tragó las lágrimas mientras comía los vegetales con ganas.

¡Estaba decidida! ¡En tres meses, transformaría su cuerpo por completo!

Al día siguiente, Elvira estaba algo mareada por el cambio en su alimentación. Cuando se subió a la báscula, descubrió que había perdido dos kilos y medio de golpe.

—Ay, Sabrina, eres demasiado noble. Por eso siempre la defiendes. Pero todos sabemos que tú y Julio se conocieron primero. ¡Si ella se te acerca es solo para intentar llegar a él!

Sabrina solo forzó una pequeña sonrisa.

En realidad, fue ella quien descubrió primero que Elvira conocía a Julio, y por eso planeó acercarse a ella para usarla.

Pero como el resto de la escuela creía que ella era la gran heredera de los Sarmiento, daban por sentado que era lógico que se codeara con alguien como él. Además, la actitud caballerosa de Julio hacia ella terminaba por convencer a todos del malentendido.

Y por supuesto, ella no tenía la menor intención de aclarar las cosas.

Mientras seguían murmurando, Elvira apareció en la puerta del salón. Como todavía tenía bastante sobrepeso, unos pocos minutos de carrera la habían dejado sin aliento; además, subir las escaleras la hizo sudar más de la cuenta.

Al ver esto, Sabrina se acercó y le tendió un pañuelo a Elvira.

—Elvira, sécate el sudor.

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