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Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex romance Capítulo 13

Sabrina solo quería averiguar el estatus de Elvira, pero sin saberlo, tocó una fibra sensible.

—¡No tengo absolutamente nada que ver con ella! ¡Y no me importa si tiene dinero o no!

Era la primera vez que Sabrina escuchaba a Julio hablarle con tanto desprecio.

—Perdón, yo solo preguntaba por curiosidad, no quise...

Al ver su expresión de pánico, Julio se dio cuenta de que había exagerado. Suavizó su tono y la consoló:

—Ya, tranquila. Sé que tienes miedo de que yo sienta algo por ella, pero puedes estar en paz. La chica que me gusta eres tú. Jamás me fijaría en alguien tan desagradable como Elvira.

Las mejillas de Sabrina se tiñeron de rojo.

—Julio...

Justo cuando Sabrina se lanzaba a sus brazos, notó que Elvira estaba parada detrás de él.

Elvira acababa de subir las escaleras y se encontró de frente con esa escena tan dramática.

Presa del pánico, Sabrina empujó a Julio.

—¡Elvira, no lo malinterpretes! Yo solo estaba...

Al escuchar que Elvira estaba ahí, Julio agarró a Sabrina y la atrajo de nuevo hacia él con posesividad.

—Aquí no hay nada que malinterpretar. Nos gustamos. A partir de hoy, Sabrina Sarmiento es mi novia.

Julio miró a Elvira con superioridad, esperando ver su corazón roto en mil pedazos.

Después de todo, ella llevaba años arrastrándose detrás de él, soportando dietas extremas solo para gustarle.

Quería que supiera que rechazar casarse con él sería su peor error.

Pero en lugar de llorar, Elvira levantó la mano con total indiferencia y señaló al final del pasillo, justo hacia donde caminaba la máxima autoridad de la escuela.

—¡Director Guzmán! ¡Julio Lozano y Sabrina Sarmiento están rompiendo las reglas con un noviazgo a escondidas!

De pronto, la puerta se abrió de golpe. Julio entró hecho una furia, agarró a Elvira del brazo y le gritó:

—¡Ven para acá!

La fuerza del chico era enorme, casi la arrastraba fuera del salón, pero Elvira no sintió una gota de miedo.

Estaban en la escuela, no en un lugar donde él pudiera hacer lo que quisiera.

Con un solo grito, los maestros llegarían y él no podría hacer nada.

Justo cuando pensaba en cómo humillarlo por segunda vez, un brazo fuerte se interpuso en su visión, agarrando con firmeza la mano de Julio.

—Suéltala.

Esa voz... era la misma voz que había escuchado al renacer.

Elvira levantó la vista. Era Bernardo Lozano.

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