Pronto, los demás volvieron a mirar a Sabrina con evidente envidia.
—Sabrina, Julio te trata como a una reina. Hasta te llevó a ver autos, yo ni siquiera me atrevería a soñar con algo así.
—De verdad. Pero bueno, hay quienes no tienen esa suerte. Antes andaban fanfarroneando de que iban a romper el compromiso con Julio, seguro puras mentiras para salvar su dignidad. Él jamás se fijaría en alguien así.
Al escuchar que Julio le compraría un auto a Sabrina, todos los compañeros se acercaron a adularla.
Elvira sentía que le zumbaban los oídos de tanta tontería, así que tomó sus guías de estudio y salió del salón.
Al verla salir, Viviana por fin comentó:
—Últimamente a Elvira la recogen puros autos de lujo, ¿de dónde sacará tanto dinero para andar en esos carrazos?
—¿No se supone que es una estudiante de escasos recursos? ¿O será que su familia es súper rica en secreto?
—Imposible. Si ella no es la estudiante becada de nuestra generación, entonces, ¿quién lo es?
Al escuchar los comentarios de los demás, Sabrina temió que las sospechas recayeran sobre ella. Fingiendo calma, intervino:
—Escuché por ahí... que el papá de Elvira es chofer de una familia muy rica. Como el jefe de su papá salió de viaje de negocios, Elvira está aprovechando para que la lleven y la traigan en los autos de lujo.
—Ah, con razón. Ya se me hacía raro que Elvira siempre llegara caminando y de pronto tuviera chófer privado. O sea que su papá usa los autos del patrón para pasear a su hija.
—¡Qué patética! Y yo que pensé que Elvira era alguien importante, ¡resulta que todo es una farsa!
Al ver cómo sus compañeros miraban a Elvira con desprecio, Sabrina sintió un nudo en el estómago, pero no podía permitirse que nadie descubriera que ella era la única estudiante becada de todo el segundo año. Si se enteraban, toda la imagen de niña rica que tanto se había esforzado por construir en la escuela se vendría abajo.
Mientras tanto, en el rincón de lectura del pasillo, Elvira estaba concentrada resolviendo problemas matemáticos cuando, de pronto, una botellita de leche apareció frente a sus ojos.
Elvira levantó la vista y descubrió que era Bernardo Lozano.
—Tu mamá me pidió que te la diera —dijo él.

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