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Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex romance Capítulo 33

Elvira asintió mientras bebía su leche y respondió:

—Claro que sí.

Bernardo no dijo nada.

Al ver su silencio, Elvira pensó que él no quería regresar a la Clase Élite para no tener que verle la cara a Julio, así que se apresuró a corregir:

—Bueno, solo lo decía por decir. Si no quieres volver a esa clase, no tienes que...

—Haré lo posible.

Elvira se quedó atónita.

Bernardo repitió en un tono tranquilo:

—Haré lo posible para encontrar la manera de volver a la Clase Élite.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad.

Antes de que Elvira pudiera celebrar, sonó la campana que anunciaba el fin del receso.

Bernardo recogió los libros que Elvira tenía esparcidos en la mesa y le dijo:

—Ya empiezan las clases, regresa y sigue estudiando.

Dicho esto, le entregó sus cuadernos y las guías de estudio.

Elvira asintió.

Al regresar al salón, volvió a ver a Sabrina presumiendo frente a sus compañeros los costosos regalos que Julio le había dado.

Cuando la mirada de Sabrina se cruzó con la de Elvira, un evidente destello de provocación brilló en sus ojos.

Elvira la ignoró. Por muy orgullosa que se sintiera Sabrina en ese momento, en el futuro se arrepentiría amargamente.

Una chica como Sabrina, que pasaba gran parte de su tiempo jugando al romance con Julio, seguramente ya había descuidado muchísimo sus estudios.

Esta vez, como de costumbre, varios compañeros se acercaron con sus cuadernillos para comparar resultados.

Si fuera cualquier otro día, Sabrina se habría quedado a revisar las preguntas con paciencia. Pero esta vez, se levantó de golpe y dijo:

—No me siento muy bien, voy al baño.

Al verla indispuesta, Julio se acercó apresuradamente, preocupado por su estado de salud.

Con solo ver su actitud, Elvira supo que sus sospechas eran ciertas.

En estos exámenes finales, Sabrina seguramente se había ido a pique.

Por la tarde, al finalizar la última prueba, Bernardo ya estaba esperando a Elvira en la puerta de la Clase Élite.

Apenas Elvira salió, lo vio de pie en el pasillo. Antes de que pudiera acercarse a él, escuchó la voz burlona de Viviana a sus espaldas:

—Vaya, vaya, Bernardo otra vez esperando a Elvira.

—Sí, ¿verdad? Se la pasan llegando juntos, yéndose juntos y en los recesos andan muy pegaditos. ¿No será que ya andan de novios?

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