Al atardecer, cuando terminaron las clases, Elvira caminó con su mochila hacia la salida de la escuela.
A lo lejos, vio que Sabrina le hacía señas con la mano, acompañada por varias chicas del salón.
Elvira no tenía ninguna intención de prestarles atención, pero Sabrina corrió directamente hacia ella y le preguntó:
—Elvira, ¿tú también estás esperando a que pasen a recogerte?
—Oye, Elvira, ¿tú no regresas caminando a tu casa todos los días? —preguntó una de las chicas con sarcasmo.
—Sí, Elvira. ¿Por qué de repente vienen por ti? ¿Te van a recoger en bicicleta o en motoneta?
Las burlas de sus compañeras resonaron a su alrededor.
En esa escuela, los estudiantes estaban divididos por clases sociales.
En su vida pasada, debido a sus complejos por haber subido de peso, Elvira insistía en caminar de ida y vuelta a la escuela todos los días, con la esperanza de adelgazar. Sin embargo, eso nunca funcionó; al contrario, hizo que los demás creyeran que su familia era pobre. No se sabe de dónde salió el rumor, pero todos terminaron creyendo que ella era una pariente lejana de los Lozano que venía del campo y que solo había podido ingresar al Instituto Linares gracias a la caridad de Julio.
Como resultado, hasta el día de su graduación, nadie en la escuela se enteró de que, en realidad, era la señorita de la familia Torres, dueños de un gran conglomerado corporativo.
—Chicas, no le hablen así. Aunque su familia no tenga dinero, no está bien burlarnos de ella —dijo Sabrina, tomando cariñosamente la mano de Elvira—. Elvira, ¿por qué no te vas conmigo hoy? Le diré a mi chofer que te deje en tu casa.
Elvira frunció el ceño y retiró la mano.
—No es necesario. Mi familia tiene auto.
Elvira sabía perfectamente que Sabrina solo quería averiguar dónde vivía y, de paso, presumir su lujoso auto frente a los demás.
—Ay, Elvira, deja de inventar cuentos. Si tu familia tuviera auto, ¿por qué te la pasas caminando todos los días?
—¡Exacto! El auto de Sabrina es un Porsche. Apuesto a que en toda tu vida jamás te has subido a uno. No seas malagradecida.
Las otras chicas la miraron con total desprecio.
Justo en ese momento, un auto deslumbrante se detuvo majestuosamente frente a la entrada de la escuela. Los estudiantes que estaban cerca se quedaron boquiabiertos.
—¡Ese es un Rolls-Royce edición limitada a nivel mundial! ¡Ni siquiera con dinero se puede conseguir uno fácil!
En ese instante, Sabrina sintió que la cara le ardía, como si acabaran de darle una bofetada invisible frente a todos.
Un Rolls-Royce de edición limitada... ¿Cuánto dinero se necesitaba para tener algo así?
Sabrina apretó los puños con frustración.
Esta tal Elvira... ¿no se suponía que era la pariente pobre del campo de Julio Lozano?
Mientras tanto, Elvira ya se había subido al auto. A través del espejo retrovisor, vio al padre de Sabrina estacionando el Porsche de los Sarmiento para recoger a su hija.
Pero, claro, después de la entrada triunfal de su Rolls-Royce, ese Porsche se veía como un simple juguete de segunda mano.
Al notar la actitud de Elvira, el chofer no pudo evitar preguntar:
—Señorita, ¿no era usted la que prefería mantener un perfil bajo?
—Cambié de opinión. A partir de hoy, quiero que me traigan y me recojan todos los días. Mientras más llamativo, mejor. De preferencia, cambiaremos de auto cada día.

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