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Renacer y Casarme con el Rival de Mi Ex romance Capítulo 6

Al escuchar la petición de Elvira, el chofer sonrió con evidente alegría:

—¡Señorita, ya era hora de que hiciera esto!

Elvira era la joya más preciada de la familia Torres. Desde que nació, la cuidaban con tanta devoción que temían que se rompiera si la tocaban o que se derritiera si la miraban.

Su plan original era que ella estudiara en el extranjero, pero debido a su compromiso con la familia Lozano, terminó en el Instituto Linares para cultivar su relación con Julio.

En realidad, al señor Torres y a su esposa no les entusiasmaba en lo absoluto la idea de ese matrimonio. El Grupo Lozano estaba al borde de la quiebra total. ¡La familia Torres jamás se conformaría con un linaje que iba en picada!

—¿Esta noche hay una cena importante? —preguntó Elvira.

—Sí, señorita. Es para hablar sobre su compromiso con el joven Lozano.

—Perfecto.

Elvira recordaba con total claridad que, en esa misma cena en su vida pasada, sus padres habían intentado cancelar el compromiso. Sin embargo, la madre de Julio insistió desesperadamente en que Elvira se uniera a su familia. Aunque Julio se negaba, terminó doblegándose ante las presiones de su madre.

Después de todo, los Lozano tenían el agua hasta el cuello. Si la familia Torres no los apoyaba, su grupo empresarial se declararía en bancarrota en menos de seis meses.

En su vida pasada, ella tuvo el corazón demasiado blando. No soportó ver cómo la familia del chico que amaba desde niña caía en la ruina, así que aceptó casarse con él en cuanto se graduaran.

Pero en esta vida, no volvería a ser tan ingenua.

Pronto, el auto se detuvo en la entrada del Hotel Las Cuatro Estaciones. Al bajar, Elvira vio de inmediato a Julio, que acababa de llegar.

Julio llevaba el mismo uniforme escolar que ella, pero parecían pertenecer a mundos completamente distintos.

En ese momento, ella pesaba más de noventa kilos, y el uniforme la hacía lucir desaliñada. Aunque sus facciones eran lindas, nadie en su sano juicio la emparejaría con alguien tan alto y apuesto como Julio Lozano.

Frente a la entrada, Julio la esperó de forma deliberada. Cuando Elvira se acercó, él le dijo con frialdad:

—Elvira, te lo advierto de una vez: no me gustas y mucho menos pienso casarme contigo.

Elvira recordaba muy bien lo calculadora que era doña Teresa. En su vida pasada, cuando se unió a la familia Lozano, su suegra había codiciado su dote y, mucho antes de la boda, ya estaba maquinando cómo quedarse con el patrimonio matrimonial.

Más adelante, Teresa se dedicó a vivir a cuerpo de rey usando el dinero que Elvira había aportado a los Lozano. Y como cereza del pastel, ¡había asistido con sus mejores galas a la boda de Julio y Sabrina!

Al ver la expresión interesada de doña Teresa, Elvira retiró sus manos y respondió:

—Señora, desde la última vez que nos vimos, he subido cinco kilos. Mejor pasemos directamente al motivo de la cena.

La fría actitud de Elvira dejó a doña Teresa bastante avergonzada.

A su lado, Julio intervino molesto:

—Elvira, ¿cómo te atreves a hablarle así a mi madre?

—Solo estoy diciendo la verdad. Julio, ¿por qué te alteras tanto?

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