Entrar Via

Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 12

Justo cuando los dedos del guardia estaban a punto de tocar la tela del vestido de Magdalena, Valeria actuó.

No gritó. No discutió. No hizo una escena.

Simplemente metió la mano en su bolso de cuero y sacó una tarjeta de crédito.

No era una tarjeta cualquiera de plástico. Era una pieza sólida de metal negro, pesada, que reflejaba la luz de la tienda. No tenía números visibles en el frente, solo un nombre grabado en platino: "Maximiliano Soto". Y en una esquina, el discreto pero inconfundible logo del banco más exclusivo del país.

La "Tarjeta Centurión Negra". La tarjeta que no se puede solicitar, solo te la ofrecen. La tarjeta de los multimillonarios, de los dueños del país.

Valeria la arrojó sobre el mostrador de cristal con un golpe seco y metálico que resonó en el sepulcral silencio de la tienda. Todos los ojos se posaron en ella.

—Quiero comprar este vestido para mi amiga —dijo Valeria, su voz ahora tranquila y llena de autoridad—. Y todos los demás vestidos de su talla que tengan en la tienda. Ah, y también despidan a esta empleada por incompetente. Y luego llamen al gerente. Díganle que Valeria Soto está aquí y que está muy disgustada con el servicio.

El silencio fue total. Si antes había tensión, ahora era asombro.

El nombre "Soto" resonó en la cabeza de la dependienta y del gerente que venía corriendo desde su oficina al oír el alboroto.

Grupo Soto. El imperio tecnológico que estaba en boca de todos. Los "nuevos ricos" que estaban comprando la ciudad a pedazos, cuyo poder financiero hacía que las viejas familias como los Montero parecieran reliquias del pasado.

El gerente, un hombrecillo calvo y sudoroso, palideció al ver la tarjeta negra sobre el mostrador. Reconoció el nombre de inmediato.

Se acercó corriendo, tropezando con sus propios pies, casi empujando a los guardias de seguridad para apartarlos.

—¡Señorita Soto! ¡Qué inmenso honor tenerla en nuestra tienda! ¡Por favor, por favor, disculpe este terrible malentendido! —su voz era un hilo de pánico y servilismo.

Luego, se giró hacia la dependienta con una furia desmedida.

—¡Inútil! ¡¿Qué le ha hecho a la señorita Soto y a su invitada?! ¡Está despedida! ¡Recoja sus cosas y lárguese de mi vista ahora mismo!

La dependienta se quedó blanca como el papel, a punto de llorar, sin entender qué había hecho mal al obedecer a una Montero.

Capítulo 12 1

Capítulo 12 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable