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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 13

Sentadas en una cafetería tranquila y elegante, lejos del drama de la boutique, Magdalena le dio un sorbo a su café americano, negro y sin azúcar.

Valeria, por otro lado, todavía estaba vibrando de emoción, incapaz de quedarse quieta en su asiento.

—¡¿Viste su cara?! ¡Fue épico! ¡La forma en que salió corriendo! Juro que casi me hago pipí de la risa. Su cara parecía un poema. ¡Un poema horrible!

Magdalena sonrió, esta vez con genuina diversión. La energía de Valeria era contagiosa.

—Estuviste increíble, Valeria. Gracias. Actuaste en el momento justo.

—Para eso estamos las amigas —dijo Valeria, chocando su taza de capuchino con la de Magdalena—. Pero en serio, ¿cómo aguantaste la calma? Yo ya le habría arrancado las extensiones y se las habría hecho comer.

—La rabia es un lujo que no puedo permitirme ahora mismo —respondió Magdalena, su rostro volviéndose serio de nuevo—. La rabia te nubla el juicio. Y yo necesito mi juicio más afilado que nunca. Tengo que mantener la cabeza fría. Y hablando de eso, te debo una.

—No me debes nada. Fue un placer inolvidable. Deberíamos enmarcar la grabación de las cámaras de seguridad.

—Sí, te debo —insistió Magdalena—. Y voy a pagarte con algo más valioso que todos los vestidos de esa tienda. Un consejo.

La curiosidad reemplazó la euforia en el rostro de Valeria. Se inclinó sobre la mesa, interesada.

—Soy toda oídos.

—Escuché en las noticias financieras que el Grupo Soto está compitiendo contra el Grupo Montero por el gran contrato de software de "Soluciones Marítimas", ¿verdad?

Valeria asintió, su expresión se ensombreció un poco.

—Sí. Mi papá está muy estresado por eso. Dice que la propuesta de Montero es muy agresiva, casi perfecta, y que probablemente vamos a perder. Esteban Montero se está llevando toda la fama de genio por esa oferta.

—Que todo su sistema de seguridad de datos depende de un software de encriptación de terceros. Un software bueno, pero que tiene una brecha de seguridad muy específica que solo un experto en ciberseguridad de alto nivel podría detectar. Esteban no es un experto. Ni siquiera sabe que existe ese riesgo. Confía ciegamente en el trabajo que yo le preparé.

Magdalena dibujó un pequeño diagrama en la servilleta.

—Dile a tu padre que, en la reunión de mañana, no intente competir en precio. Es una trampa. Que deje que Esteban presuma. Y al final, su equipo técnico debe hacer una sola pregunta: "¿Cómo planean proteger los datos contra un ataque de pulso electromagnético cuántico?". Esteban no tendrá ni idea de qué responder. Sus técnicos entrarán en pánico. Y el contrato será de ustedes.

Le entregó la servilleta a Valeria.

Valeria la miró como si fuera un mapa del tesoro. Luego la miró a ella.

—Magdalena… esto es… esto es oro puro. Podrías haber vendido esta información por millones.

—Considera esto el primer pago de mi deuda contigo —dijo Magdalena, terminando su café—. Y también la primera factura que le cobro a Esteban. Es hora de que el "genio" de los negocios aprenda lo que pasa cuando se queda sin su cerebro.

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