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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 26

La mañana después de la gala, el mundo de los negocios de Puerto Santo era un volcán en erupción.

Los titulares de todos los periódicos financieros y los blogs de chismes corporativos gritaban la misma noticia: "La caída del titán: InnovaTech arrebata el Premio Innovación al Grupo Montero". Las fotos de la humillación pública de Esteban eran virales.

Pero Magdalena no estaba leyendo las noticias.

Estaba de pie en el vestíbulo del edificio más alto y poderoso de la ciudad: la Torre González.

El edificio era una aguja de cristal y acero que parecía perforar el cielo, un monumento al poder de un solo hombre. Mármol negro pulido cubría el suelo como un espejo, y el silencio en el interior era reverencial, roto solo por el susurro de los ejecutivos que se movían con prisa.

En su mano, Magdalena sostenía una simple tarjeta de color marfil que le había entregado un mensajero una hora antes. No tenía remitente, solo una dirección y una hora escritas en una elegante caligrafía.

"Piso 88. 10:00 a.m."

No necesitaba firma. Solo había un hombre en esa torre que ocupaba el último piso. Camilo González.

No era una petición, era una citación.

Mientras se acercaba al ascensor privado que conducía directamente a la cima, sintió las miradas de todos sobre ella. La recepcionista, los guardias de seguridad, los ejecutivos. Todos sabían quién era y a dónde iba. La noticia de la victoria de InnovaTech y su enfrentamiento con los Montero la había catapultado de ser una exesposa olvidada a la mujer más enigmática de la ciudad.

El ascensor subió en un silencio absoluto, a una velocidad vertiginosa. A través de la pared de cristal, vio cómo la ciudad se hacía pequeña bajo sus pies. Los edificios que antes le parecían gigantes ahora parecían maquetas.

—Impresionante, ¿verdad? —dijo, su voz profunda llenando el silencio—. Desde aquí arriba, todo parece tan… controlable.

Magdalena no respondió de inmediato. Caminó lentamente hacia el centro de la habitación, sintiendo la suave alfombra bajo sus tacones.

—Depende de la perspectiva —respondió ella, su voz tranquila y firme—. Desde aquí arriba, también es más fácil olvidar cómo se ven las cosas a nivel del suelo. Donde se libran las verdaderas batallas.

Él se giró por fin, y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios. La misma sonrisa que le había dedicado en la gala.

—Veo que no ha perdido nada de su agudeza desde anoche, señorita Valenzuela. Por favor, tome asiento. Tenemos mucho de qué hablar.

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