La perspectiva de Valeria Soto.
Valeria se sentía como una espía en una película de acción.
Había montado su centro de operaciones no en las oficinas de su padre, sino en un centro de datos de alta seguridad de InnovaTech que Magdalena había puesto a su disposición. Estaba rodeada de servidores zumbando y pantallas que mostraban flujos de datos encriptados.
Le encantaba. Era mucho más emocionante que ir de compras o a fiestas.
—Vamos, Pierre, dame buenas noticias —dijo Valeria a través de sus auriculares con micrófono, hablando con el jefe del equipo de investigación que había contratado en Mónaco.
—Señorita Soto, su corazonada era correcta —respondió la voz del investigador, con un marcado acento francés—. Romina de la Rosa no era una estudiante de arte. Era una clienta VIP en tres de los casinos más exclusivos de la ciudad. Y no era precisamente una ganadora.
Valeria se inclinó hacia la pantalla, la emoción recorriéndola.
—¿Cuán grande es el agujero?
—Enorme. Tenemos registros de transferencias desde cuentas suizas que su familia le enviaba. Cientos de miles de euros. Y desaparecían en cuestión de días. Pero lo mejor es esto: cuando se le acabó el dinero de la familia, empezó a pedir créditos a los casinos. Marcadores.
—¿Deudas de juego? —preguntó Valeria, sus ojos brillando.
—Deudas de juego muy, muy grandes. Tenemos copias de los pagarés que firmó. En total, debe más de dos millones de euros solo al Casino de Montecarlo. Parece que por eso volvió a Puerto Santo tan de repente. No estaba huyendo de un corazón roto por Esteban. Estaba huyendo de sus acreedores.
¡Bingo!
Valeria casi gritó de alegría.
—Pierre, eres mi héroe. Necesito toda esa documentación. Escaneada, autentificada y enviada a través de un canal seguro. Ahora mismo.
—Ya está en camino, señorita Soto.
No a un tabloide. Sino a la editora de la sección de sociedad del "Diario Financiero", el periódico más respetado del país y el principal rival del conglomerado mediático de los Montero.
El asunto del correo era simple: "La verdadera dote de Romina de la Rosa".
Pulsó "enviar".
Se recostó en su silla, con una sonrisa de pura satisfacción.
Romina había intentado jugar sucio.
Pero acababa de descubrir que Magdalena y sus aliadas jugaban para ganar. Y no tenían piedad.
La bomba de tiempo acababa de ser activada. Solo era cuestión de horas para que explotara en la cara de la familia Montero.

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