El resto fue una formalidad.
El comité se retiró a deliberar durante menos de diez minutos.
Cuando regresaron, la decisión era evidente en sus rostros.
—Después de una cuidadosa revisión de ambas propuestas —anunció el presidente, aunque su tono dejaba claro que no había habido ninguna duda—, el comité ha decidido por unanimidad adjudicar el proyecto "Puerto de Oro" al Consorcio Fénix.
Una ovación cerrada estalló en la mitad del salón.
Víctor Morales saltó de su asiento, abrazando a su equipo. Valeria gritaba de alegría, abrazando a Magdalena con tanta fuerza que casi la levantó de la silla.
Magdalena sonrió. Una sonrisa genuina, luminosa, que transformó su rostro.
Había ganado.
No solo un contrato. Había ganado su libertad. Había recuperado su nombre.
En medio del caos y la celebración, sus ojos buscaron instintivamente en la audiencia.
Y lo encontró.
Sentado en una discreta fila trasera, lejos de los focos, estaba Camilo González.
No estaba aplaudiendo. Simplemente la observaba.

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