Hubo un instante de silencio absoluto al otro lado de la línea.
Cuando Camilo volvió a hablar, su voz había cambiado.
El tono somnoliento y cálido había desaparecido por completo. Fue reemplazado por algo que Magdalena nunca había escuchado antes. Era una voz plana, fría, desprovista de toda emoción. La voz de una máquina. O de un depredador que acaba de ver a su presa.
—¿Dónde estás? —preguntó. No era una pregunta; era una orden.
—En mi apartamento —respondió ella, todavía temblando.
—No te muevas. No hables con nadie. Leo va para allá. Te llamo en cinco minutos.
Colgó.
Magdalena se quedó mirando el teléfono, confundida por la brusquedad de la llamada. Esperaba consuelo, palabras de aliento. En cambio, había recibido órdenes cortas y precisas.
Pero en esa frialdad, había una promesa de eficiencia que calmó una pequeña parte de su pánico.
En su penthouse, Camilo González ya estaba de pie, vistiéndose en la oscuridad.
Presionó un botón en un panel junto a su cama.
—Protocolo Cardenal. Activación inmediata —dijo al sistema.
Al instante, las luces de su centro de seguridad privado, enterrado en los sótanos de la Torre González, pasaron de verde a rojo. Un equipo de hombres vestidos de negro, que hasta ese momento habían estado monitoreando mercados financieros, cambiaron sus pantallas a imágenes de satélite y redes de comunicación.
Habían cometido un error. Un error fatal.
Habían pensado que estaban jugando contra Magdalena, una brillante estratega de negocios.
Pero al tocar a su abuelo, al hacerla sentir miedo, habían activado a otro jugador. Un jugador que no seguía las reglas del consejo de administración.
Un jugador que trataba los secuestros no como una negociación, sino como una operación militar que debía ser neutralizada con una fuerza abrumadora y sin piedad.
Habían amenazado a la única persona que, en muy poco tiempo, se había vuelto inaceptablemente importante para él.
Y ahora, Camilo González iba a desatar el infierno sobre ellos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable