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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 50

Leo llegó al centro de seguridad en un tiempo récord.

Normalmente, este lugar zumbaba con la tranquila eficiencia de los analistas financieros. Ahora, el ambiente era el de una sala de guerra.

Sombra, el jefe de seguridad, un hombre con una cicatriz en la cara y ojos que parecían haberlo visto todo, estaba dirigiendo la operación.

—¡Conecten el rastreador de la llamada al sistema de vigilancia satelital! ¡Quiero un barrido de todas las torres de telefonía celular en un radio de veinte kilómetros! ¡Muévanse!

Leo nunca había visto el "Protocolo Cardenal" activado. Sabía que existía. Era la respuesta de su tío a una amenaza de nivel crítico. Verlo en acción era aterrador e impresionante.

—¿Qué diablos está pasando, Sombra? —preguntó Leo, acercándose al centro de mando.

—Secuestraron al abuelo de la señorita Valenzuela —respondió Sombra sin apartar la vista de las pantallas—. El jefe está… disgustado.

"Disgustado" era la palabra más suave que Leo había escuchado para describir la furia helada que había sentido en la voz de su tío por el comunicador.

Un joven técnico, con los dedos volando sobre el teclado, gritó:

—¡Tengo la señal! Es un teléfono de prepago, comprado esta mañana. Pero lo encendieron para hacer la llamada. ¡Idiotas!

—¡Triangulen! ¡Ahora! —ordenó Sombra.

En la pantalla principal, un mapa de Puerto Santo se iluminó. Tres círculos rojos, que representaban el alcance de tres torres de telefonía, comenzaron a cerrarse, buscando el punto de intersección.

—La señal es débil, se está moviendo dentro de un área con muchas interferencias metálicas —dijo el técnico.

—Filtren el ruido. Busquen almacenes, zonas industriales, muelles abandonados —dijo Sombra.

El mapa hizo zoom, mostrando la zona portuaria. Docenas de edificios aparecieron como puntos en la pantalla.

Leo asintió, con la boca seca.

Todo el proceso había durado menos de diez minutos.

Desde una llamada anónima a una ubicación precisa, lista para un asalto.

Los secuestradores, quienesquiera que fueran, se habían creído muy listos.

No tenían ni idea de que acababan de declararle la guerra a un fantasma. Un fantasma con acceso a satélites espía, un equipo de ex-soldados de élite y una motivación muy, muy personal para encontrarlos.

Leo sacó su comunicador para llamar a su tío.

—Tío. Los tenemos.

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