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Renacida para la Venganza: De Esposa Abandonada a Reina Intocable romance Capítulo 67

Al día siguiente, Magdalena condujo hasta la humilde casa de su abuelo.

Cada kilómetro que la acercaba se sentía como un viaje hacia un juicio final. No sabía qué sentir. ¿Estaba enfadada? ¿Triste? ¿Confundida?

Estaba todo eso y más.

Hernán la estaba esperando en el porche, como si supiera que vendría. La miró llegar, y en sus viejos ojos, Magdalena no vio engaño, sino un amor y una tristeza infinitos.

No hubo necesidad de preámbulos. Magdalena se sentó a su lado en el viejo banco de madera y le mostró la fotografía de Lidia Solís.

Hernán la miró, y su rostro arrugado se contrajo de dolor. Unas lágrimas silenciosas empezaron a rodar por sus mejillas.

—Sabía que este día llegaría —dijo con voz temblorosa—. Me pasé veinte años rezando para que no llegara, y otros veinte rezando para tener la fuerza de afrontarlo si lo hacía.

Magdalena esperó, su corazón era una piedra en su pecho.

—¿Es verdad? —preguntó ella, su voz apenas un susurro.

Él asintió lentamente.

—Es verdad, mi niña. Yo no soy tu abuelo de sangre.

Y entonces, le contó la historia.

Habló de esa noche, veinte años atrás. De cómo oyó un estruendo terrible en la carretera de la montaña durante una tormenta. De cómo subió a ver qué pasaba y encontró un coche en llamas al fondo de un barranco.

Le contó cómo, a unos metros del infierno de metal y fuego, oyó un llanto.

—Estabas tú —dijo, su voz rota por el recuerdo—. Envazada en una manta, metida en una cesta, escondida detrás de unas rocas. Tenías un golpe en la cabeza, pero estabas viva. Eras un milagro en medio de la muerte.

Capítulo 67 1

Capítulo 67 2

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