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REY DE ESPADAS. La novia forzada romance Capítulo 61

CAPÍTULO 61. Gritos y refugios

Raven lo miró fijamente, como si intentara leerle el alma. Había algo en la expresión de Rowan que la inquietaba: una mezcla extraña entre serenidad y tormenta.

—¿Sabes qué? —le dijo con voz suave y coqueta mientras se sentaba en su regazo y cruzaba los brazos detrás de su cuello—. Pase lo que pase hoy… vamos a estar juntos. Y me encantará llevarte a vivir a mi casa.

Rowan la observó en silencio por un segundo, y luego sonrió con esa curva pícara de sus labios que a veces era lo único que necesitaba para sentirse invencible.

—Estoy de acuerdo —respondió con tranquilidad—. Pero esta noche tenemos una fiesta muy especial. Después de eso… soy todo tuyo. Llévame a donde quieras, hazme lo que quieras…

—¡Uy, no me des esa libertad, que mi imaginación te puede sorprender! —lo provocó sonriendo también, aunque por dentro la ansiedad le retorcía el estómago.

Aun así, decidió que fuera lo que fuera lo que Rowan había planeado para esa noche, confiaría en él. Si algo había aprendido en el poco tiempo que llevaba a su lado, era que aquel hombre siempre tenía un plan. ¡Siempre!

Salieron de la oficina en completo silencio, bajaron por el ascensor y tomaron el coche hacia la mansión Harrelson. El camino se sintió más largo que de costumbre. El atardecer pintaba las calles de un tono dorado que no combinaba con la tensión que se apretaba entre ellos como una tercera presencia en el auto. Y aun así sabían que habían obtenido lo que querían.

Pero cuando atravesaron la puerta principal, por supuesto que no tuvieron ni un segundo de respiro.

—¡¿Creen que esto es una maldit@ broma?! —gritó Ottavio desde el salón—. ¡Nos van a quitar todo! ¡¿Estás feliz ahora, Rowan?!

—¡Tuvimos que vender nuestras acciones de la empresa por tu culpa! —añadió Aurora, caminando nerviosa de un lado al otro, con el rostro más pálido que nunca—. ¡Nos arruinaste! ¡Todo el trabajo de nuestro padre, lo arruinaste!

Ulises, que estaba recostado contra una de las columnas, levantó la voz cuando los vio.

—¡Por tu culpa vamos a perder hasta nuestra casa! —escupió, acercándose con pasos firmes hacia Rowan—. ¡Pero no me voy a quedar callado! Esta noche, en tu fiesta… ¡voy a hablar con todos! ¡Voy a contarles quién eres de verdad! ¡Voy a arruinarte la función final, parta que lo sepas!

Rowan ni parpadeó.

—¿Así que vas a hacer un berrinche frente a los invitados? —dijo con tono burlón—. Qué clase, Ulises. ¿No puedes siquiera arruinarme la vida con algo más original?

—¡Esto no es un berrinche! —gruñó Ulises, y su cara ya estaba roja de furia—. ¡Esto es justicia! ¡Tú estás destruyendo esta familia, y yo no me voy a quedar con los brazos cruzados viendo cómo desaparece la casa donde crecí!

—No creas que puedes seguir fingiendo que esto está bien —dijo Aurora, apuntándolo con un dedo—. ¡Todo el mundo sabrá lo que hiciste!

—Por supuesto —respondió Rowan con total calma—. Lo que hice fue confiar en ustedes, mi adorada familia, y eso sí que fue un error.

Ottavio se echó hacia delante, agitando el teléfono en la mano como si quisiera arrojárselo a la cabeza.

CAPÍTULO 61. Gritos y refugios 1

CAPÍTULO 61. Gritos y refugios 2

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