Mi lengua se deslizó por su labio inferior, rogando entrar, necesitaba saborearla.
Ella entreabrió los labios, permitiéndome el paso y dejándome entrar en ella.
La levanté del suelo, y enseguida rodeó mi cintura con las piernas, su lengua bailaba con la mía mientras luchábamos por el dominio.
—Dormitorio —murmuré contra sus labios.
—Mhm —susurró contra los míos.
La llevé escaleras arriba sin romper el beso, mis dedos seguían recorriendo su piel al conseguir abrir la puerta y, cerrarla de una patada una vez dentro del dormitorio.
Le mordí suavemente el labio inferior antes de lamerlo y succionarlo para calmar el ardor.
Soltó un gemido entrecortado cuando la recosté sobre la cama y empecé a besarle el cuello.
No sabía si se trataba más de mí o mi lobo, pero ninguno de los dos podía contenerse. Mis colmillos se alargaron, y la marqué de nuevo, haciéndola estremecerse de deseo.
Mi cuerpo reaccionó con urgencia bajo la tela del pantalón; la necesitaba.
No teníamos tiempo para juegos previos, sabiendo que Taylor y Eliza llegarían pronto para la cena, también sabía que no podría pasar la noche sin reafirmar que era mía en todos los sentidos.
Le desabroché la blusa mientras ella me miraba con los ojos entrecerrados y los labios hinchados.
Tenía ese aspecto de haber sido besada a fondo, y ahora también iba a hacer que pareciera completamente poseída.
Le quité la camisa antes de soltar su brasier con dedos expertos, lo lancé por la habitación con un gesto teatral, causando que ella echara la cabeza hacia atrás riendo, con sus pechos moviéndose libres en el proceso.
Tenía la risa más hermosa que había escuchado, y la capturé con mis labios al besarla de nuevo, mis dedos buscaron sus senos, acariciando y jugando con sus pezones endurecidos. Jadeó contra mis labios y soltó un gemido profundo mientras sus ojos se iban hacia atrás.
Sonreí con autosuficiencia.


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