—Sasha ya la despidió —le dije al levantarme de la cama también, para tomar mi sostén y bragas.
—No es suficiente —replicó Gavin, frunciendo el ceño—. Tiene que pagar por lo que te dijo, ofendió a mi compañera.
—No sabía que eras mi compañero destinado —le expliqué, rodeándole la cintura con los brazos—. Fue un malentendido.
—No importa, Judy. No puedo permitir ese tipo de comportamiento en mi manada.
—Ella pertenece a la manada Yellowstone —aclaré.
Sus ojos se oscurecieron.
—Entonces es del Alfa Kyle —murmuró—. Lo llamaré para discutir el castigo adecuado.
—Creo que ya tuvo suficiente castigo cuando la despidieron, ¿no crees?
—No —respondió sin dudar, girándose hacia mí—. ¿Por qué no me llamaste enseguida para contarme lo que pasaba? Podría haberlo solucionado ahí mismo.
—Porque si voy a ser la Luna de tu manada, necesito aprender a valerme por mí misma —respondí, cruzándome de brazos—. No quería molestarte con algo que podía manejar sin problema.
Se detuvo mientras se ponía los pantalones.
—Eres mi compañera, amor. Es mi deber protegerte. Sé que puedes defenderte sola, y que eres más que capaz de resolver las cosas por tu cuenta. Pero, como tu compañero, necesito ser informado de inmediato, ni mi lobo ni yo podríamos soportar que alguien te hiciera daño, Judy. Solo te pido eso.
No supe en qué momento se acercó tanto, pero de pronto lo tenía justo frente a mí. Sus manos descansaban sobre mis hombros, y sus pulgares rozaban mi cuello, justo encima de la marca reciente.
—Está bien —suspiré—. Perdón por no haberte llamado enseguida.
Se inclinó y rozó mis labios con los suyos, robándome el último aliento que me quedaba. Me derretí contra él mientras su lengua se deslizaba sobre la mía, reclamándome como si no hubiéramos pasado la última hora reclamándonos mutuamente.
Unos golpes en la puerta nos sacaron de nuestra pequeña burbuja.
Gavin suspiró mientras tomaba la camisa que colgaba del poste de la cama, ni siquiera recordaba cómo había llegado allí.
Al abrir la puerta, noté que Alex estaba del otro lado.
Sus ojos se abrieron al ver a Gavin sin camisa, luego pasaron detrás de él, hacia mí, que aún me abrochaba la blusa. Gavin se movió enseguida, bloqueando su vista con el cuerpo y dejando escapar un gruñido de advertencia.
Alex se aclaró la garganta y enderezó la postura.
—Alfa, el Beta y su compañera lo esperan abajo. La cena estará lista en unos minutos —anunció.
Gavin asintió.
—Gracias —dijo—. Asegúrate de que Matthew e Irene también estén listos para la cena.



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