Punto de vista de Judy
Cuando regresé al salón de baile, Irene seguía sentada en el mismo lugar, pero esta vez tenía una taza de té entre las manos y parecía más tranquila. Al verme, su expresión se suavizó, y pude notar claramente la disculpa en sus ojos.
—¿Dónde está Selene? —preguntó, mirando hacia la puerta con un leve fruncimiento de ceño.
—Tenía que irse —respondí con un gesto sencillo—. Así que la dejé ir.
Irene asintió, aunque su mirada mostraba que tenía ciertas duda. Preferí no mencionarle la oferta que me hizo Selene para visitarla, ya vería como excusarme para no estar en su clase mañana, evitando que se sintiera desplazada. No es que no confiara en ella, ni que no la considerara capaz de enseñarme, pero había algo dentro de mí que insistía en que debía ir a la Mansión Blackwell para entender lo que realmente estaba sucediendo.
Estaba segura de que ahí encontraría respuestas a preguntas que aún no sabía formular.
Irene dejó su taza a un lado y se puso de pie. —Lo siento, Judy. No quise ser grosera antes...
Negué enseguida.
—De verdad, no pasa nada. Te entiendo —le aseguré—. Tienes demasiadas cosas encima.
—Aun así, eso no es excusa —susurró, mordiéndose el labio—. Es solo que... con todo lo que está pasando...
No la dejé terminar la frase, la abracé sin pensarlo.
—No te preocupes, Irene —dije en voz baja, apretándola un poco más—. Es normal sentirse así. Sé que estás dolida, y si necesitas hablar, estoy aquí.
Sentí que su cuerpo comenzaba a relajarse, como si al fin pudiera soltar un poco de todo lo que estaba cargando.
—¿Quieres hablar? —pregunté separándome para verla bien.
Las lágrimas acumulándose en sus ojos me rompieron el corazón.


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