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Seduciendo al suegro de mi ex romance Capítulo 825

Punto de Vista de Judy

El camino de regreso fue más silencioso de lo que imaginé.

Cuando Gavin soltó aquella bomba, que los Blackwell nos estaban mintiendo, no supe qué pensar. Selene no parecía ser una mujer capaz de mentirme de esa manera, y tampoco veía a Zachary como alguien lo bastante descarado como para hacerlo, pero Lila... bueno, de ella sí lo creería.

Algo no cuadraba, pero no discutí con él, solo me subí al auto y dejé que cerrara la puerta. Antes de encender el motor, lanzó una última mirada hacia la mansión, una de esas miradas que se quedan clavadas en el pecho, luego arrancó. Sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban completamente blancos.

Quise preguntarle si estaba bien, pero las palabras no me salían. No tenía miedo; simplemente sabía que él necesitaba un momento.

Jamás pensé que ese “momento” se extendería durante toda la hora de viaje hasta la Manada Creciente Plateada, y que seguiría después de haber llegado a la villa y entrar.

Gavin se tomó su tiempo para quitarse el saco y colgarlo, para luego descalzarse. Estábamos en nuestro dormitorio y yo lo observaba sin disimulo mientras desabrochaba su camisa. Sus abdominales quedaron a la vista, y la mandíbula casi se me cayó al suelo; no podía apartar los ojos de él. Lo cual era era normal, sinceramente.

Era una distracción andante... y mi loba no podía esperar a tenerlo desnudo otra vez. No importaba cuántas veces lo tuviéramos: nunca iba a ser suficiente.

Él se giró hacia mí y sus ojos encontraron los míos, la expresión dura que llevaba se suavizó un poco, pero aun así, la preocupación seguía allí, atorada como un nudo.

—¿Vas a decirme qué está pasando? —pregunté al fin. Mi voz salió más ronca de lo que pretendía.

Gavin soltó un suspiro y se pasó los dedos por el cabello.

—Vi a Lila con Daisy —dijo, causando que mi corazón se detuviera—. Daisy Baldwin.

Asentí, sintiendo un hormigueo frío en la espalda.

—Estaban observando la Gema Lunar porque estaba brillando con mucha fuerza —continuó él, frunció el ceño al intentar recordar—. Lila la tocó... y la quemó.

Solté el aire como si me hubieran golpeado en el estómago.

El sueño que tuve regresó de golpe. En ese sueño, me dijeron que la gema solo aceptaría a la persona a la que realmente le perteneciera, y que quemaría a cualquiera otro que intentara manipularla.

—Solo pensé que quizá hubo una confusión en el hospital —susurré, abrazándome a mí misma—. Que tal vez... la bebé que tuvo Selene no fue la misma que se llevó a casa.

—¿Por qué pensarías eso?

—Selene me dijo que, cuando Lila nació, estaba tan sana como un caballo, pero que el día siguiente desarrolló una condición del corazón. Es raro que algo así aparezca de la nada, ¿no?

—Es raro, pero no imposible —comentó Gavin, sin quitarme los ojos de encima.

—Y Lila no se parece en nada a su familia —agregué—. Todos ellos son de cabello oscuro, pero ella es rubia.

—No conocemos toda su línea familiar, podría haber rubios en otras generaciones —respondió Gavin—. Eso no prueba nada.

—La Gema Lunar debería liberar su magia a la persona a la que realmente le pertenece, pero no lo hace —dije, entrecerrando los ojos—. ¿No te parece extraño? A ver, a ti claramente te lo parece, o no estaríamos hablando de esto.

Gavin suspiró y dio un paso hacia mí, posó las manos en mis hombros, y con los pulgares dibujó un patrón suave a cada lado de mi cuello. Un calor delicioso recorrió mi cuerpo entero, así que me incliné hacia él sin poder evitarlo.

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