Punto de vista de Judy
Sentí que el corazón se me detenía en el pecho; Daisy y Lila querían hablar conmigo.
Alcé la vista hacia Gavin y vi cómo se le tensaba la mandíbula. En sus ojos ardían la furia y un instinto protector imposible de contener.
—Ella no irá a ninguna parte —dijo entre dientes.
Tragué saliva y retrocedí apenas lo suficiente para mirarlo de frente, sosteniendo su mirada. Estaba decidido a proteger a nuestra pequeña familia, costara lo que costara.
—Debería hablar con ellas —dije, pronunciando las palabras antes de que mi mente terminara de alcanzarlas—. Gavin, si están pidiendo verme, no es casualidad.
—Eso no importa —replicó con brusquedad—. Mandaron forasteros a la casa, Judy, por ti. ¿Y ahora pretenden que camines hasta ellas como si nada? Ni pensarlo.
—No iré sola —respondí, acercándome un paso—. Tú puedes venir conmigo, y también algunos de los Gammas.
—No confío en ellas —dijo, girándose hacia mí—. No puedo...
—Gavin...
—No —cortó, cerrando la distancia entre los dos, sujetando mis brazos con manos firmes, pero cargadas de frustración—. Estás embarazada, esos forasteros pudieron secuestrarte, ¿y ahora esperas que te deje ir hacia las personas responsables?
—Mandaron forasteros, sí, pero no sabemos qué querían —repliqué, frunciendo el ceño—. Puede que solo quieran hablar.
—¿Y si no? —inquirió, clavando los ojos en los míos—. ¿Y si intentan llevarte? ¿Qué pasará entonces? No puedo perderte, Judy.
Apoyó la frente contra la mía y respiró hondo.
Cerré los ojos e inhalé su aroma, buscando anclarme a él.
—No me vas a perder —le aseguré—. Vas a estar conmigo todo el tiempo, me vas a proteger... lo sé. Confío en ti más que en nadie en este mundo, Gavin. Sé que no vas a dejar que me pase nada, pero por favor... necesito saber qué quieren. Y, pase lo que pase, necesito recuperar esa Gema Lunar de manos de Lila. Según Cora, me pertenece. No quiero que siga teniéndola.
Se apartó un poco y se pasó una mano por el cabello, parecía a punto de golpear una pared. Quise acercarme y consolarlo, pero me mantuve firme. Taylor permanecía incómodo en la puerta, con la mirada fija en el suelo, evitando mirarnos a cualquiera de los dos.

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