Punto de Vista de Gavin
Aún no había tenido tiempo para reaccionar ante lo que acababa de pasar cuando Judy se desplomó en mis brazos.
Intenté protegerla de la gema, pero voló hacia ella tan rápido que apenas noté el movimiento. Sin embargo, la rodeé con mis brazos cuando la golpeó. Sus ojos se pusieron en blanco y empezó a caer, si no la hubiera sostenido, habría caído al suelo. La mantuve contra mí, aferrándome a ella como si soltarla no fuera una opción.
Fue entonces cuando entendí lo que había pasado; la Gema Lunar estaba incrustada en su omóplato.
La sangre comenzó a empapar su ropa, y la luz que emanaba de la gema era tan intensa que resultaba difícil verla directamente. La noche dejó de ser oscura, todo a nuestro alrededor estaba bañado por un resplandor blanco, casi cegador, por lo que tuve que entrecerrar los ojos para poder distinguir la herida con claridad.
Su respiración era tan superficial que, por un momento, dudé de que siguiera respirando. El rugido en mis oídos me impedía pensar con coherencia, mi lobo estaba fuera de control, sumido en un pánico absoluto tras ver a su pareja siendo atravesada por la Gema Lunar y perder el conocimiento.
El caos estalló alrededor.
No registré nada con precisión, mi mundo se redujo a sostener a Judy entre mis brazos, a su piel perdiendo todo color, a la sensación de que su vida se me escapaba entre los dedos. Los Gamma corrían hacia nosotros, con Derek, mi Gamma principal, al frente moviendo los ojos de un lado a otro, buscando una amenaza que aún no lograba identificar.
Taylor llegó casi al mismo tiempo, fue él quien la vio primer y el color desapareció de su rostro en el acto.
—¿Qué carajos? —murmuró.
Su mirada se desplazó hacia Lila y Daisy, que permanecían inmóviles, observando la escena sin reaccionar. Lila tenía el rostro enrojecido, era evidente que la tensión le recorría el cuerpo entero, como si estuviera a punto de echar a correr.
—No dejen que se escapen —ordené entre dientes, obligando a mi lobo a mantenerse bajo control.
Tal como había previsto, Lila intentó huir. En cambio, Daisy no se movió, sino que permaneció clavada en el sitio, con los ojos fijos en el rostro de Judy, incapaz de apartar la mirada.
Taylor reaccionó con rapidez, sujetando a Lila antes de que pudiera dar dos pasos.
—¡No es justo! —gritó ella, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Se suponía que debía ser yo! ¡Tenía que elegirme a mí! ¡Es mi magia! ¡Soy la heredera! ¡Me pertenece!
—No... no lo eres.
La voz surgió desde la penumbra, obligándonos a todos a girarnos para ver a la figura que avanzaba lentamente hacia nosotros.
Mis guerreros ya estaban armados y listos para atacar, pero cuando ella salió a la luz, alcé la mano y los detuve.
El impacto fue inmediato, todo mi cuerpo quedó rígido al reconocerla.
No entendía cómo podía ser posible.

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