Punto de Vista de Judy
La habitación quedó en silencio cuando los Blackwell entraron.
Taylor venía justo detrás de ellos, con un gesto irritado y los brazos cruzados sobre el pecho.
—Intenté detenerlos —murmuró, negando con la cabeza—. Pero insistieron en hablar contigo inmediatamente.
No podía apartar la mirada de Selene; tenía los ojos llenos de lágrimas y al verla así, sentí cómo se me encogía el pecho.
Si todo lo que había descubierto en esos últimos días era cierto, entonces Selene era mi madre biológica, y Zachary, mi padre.
No se sentía real, y aun así, todo encajaba.
Ahora entendía por qué siempre me sentía atraída hacia ella... hacia ellos, por qué me atraían su casa, a sus fotos, su presencia.
La sangre llama a la sangre.
Ellos eran mi sangre, mi familia, y algo dentro de mí respondía a ese llamado.
Esme me había llamado.
—Entonces... es verdad —dijo Selene con la voz quebrada—. De verdad eres mi hija. Siempre he sentido algo al verte, solo que no me atreví a creerlo. Pensé que no podía ser posible, pero lo era. Eres tú... mi hija, mi niña.
Selene dio un paso hacia mí para abrazarme, pero Gavin se interpuso de inmediato, colocándose delante de mí como un escudo.
Un gruñido bajo vibraba en su pecho; su lobo estaba al límite. La sola idea de que yo pudiera estar en peligro lo tenía en tensión, y ese instinto de protección me apretó el corazón.
Apoyé la mano en su espalda, tratando de tranquilizarlo.
—Gavin, está bien —le susurré—. No van a hacerme daño.
—No lo sabemos —respondió sin apartar la vista de los Blackwell—. No voy a correr ese riesgo.
—Lo sé —dije, aunque mi voz tembló un poco—. Ellos no me van a lastimar. Son mi familia... mi verdadera familia.
Y aun así, al decirlo en voz alta, una punzada de culpa me atravesó el pecho. Los Montgomery eran mi familia, la única familia que había conocido en toda mi vida, así que los amaba con todo mi corazón y jamás los cambiaría por nada.

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