—¿Meg sigue con vida? —pregunté, sintiendo que se me cerraba la garganta.
Meg había sido una figura importante en la vida de mis padres adoptivos, además era la madre de Lila.
Lila merecía saber la verdad sobre su madre, y mis padres también merecían el cierre que nunca tuvieron. Por la forma en la que hablaron de Meg cuando me contaron cómo la habían conocido, era evidente que la recordaban con admiración y cariño, aún pensaban en ella, sería imposible que no lo hicieran.
Daisy asintió, pero antes de que pudiera decir algo más, la voz de Erik nos interrumpió de golpe.
—Judy, creo que deberías volver a entrar, Gavin se va a enfurecer —dijo, con un leve temblor en la voz.
Puse los ojos en blanco.
—¿Y qué si se enfada? Ya me ocuparé de eso cuando llegue el momento —respondí, restándole importancia—. Sé manejar a mi esposo, no será un problema.
—“Enfadado” no es precisamente la palabra que usaría para describir cómo me siento ahora mismo.
Su voz, grave y profunda, me envolvió como una ola.
Todo mi cuerpo se tensó al instante. Mi loba, en cambio, estaba exultante y feliz por sentir a su pareja cerca. No obstante, mi corazón empezó a latir demasiado rápido y mi respiración se volvió irregular.
Me giré despacio y me encontré con un Gavin visiblemente furioso, hasta tenía el rostro enrojecido, de pie junto a un Erik tan pálido como el papel.
—¿Quieres explicarme por qué mi pareja embarazada está hablando con alguien que le hizo daño a nuestra familia? —le preguntó a Erik, entrecerrando los ojos—. No parece que estés manteniendo a salvo a mi pareja.
—Daisy no va a hacerme daño, Gavin —intervine de inmediato—. Y esto no es culpa de Erik. Intentó detenerme, pero ya sabes cómo soy... terca. Así que no le quedó opción más que ceder y venir conmigo. No sabía que iba a salir de la reja, y está claro que todos nos equivocamos con Daisy... ella es una víctima.
—¿Y esperas que me crea una sola palabra de lo que dice esa mujer? —replicó, con la voz cargada de ira—. Traicionó a mi familia y humilló a mi madre. No hay forma de que...

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