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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 167

San Martín era una ciudad famosa por sus vistas al río y a las montañas.

Justo afuera de la ventana panorámica de la oficina, se extendía la mejor vista del río de San Martín.

A Daisy Ayala todavía le costaba creer que, en tan poco tiempo, hubiera encontrado una oficina que cumplía con todos sus requisitos y, encima, a un precio justo.

Lo único que le incomodaba un poco era...

La Torre Prestige quedaba justo al otro lado del río.

Pero ni eso lograba arruinar el buen ánimo de Daisy.

Al contrario, pensaba usarlo como motivación para seguir adelante.

En cuanto tuvo la noticia, Daisy se la compartió a Andrés López.

Andrés le respondió que era motivo de celebración.

Así que Daisy decidió invitar a cenar a todo el equipo esa noche, y le pidió a Andrés que llamara también a Mirella López, ya que justo esos días tenía descanso.

Mientras discutía con Andrés qué restaurante elegir, Daisy aguardaba frente al elevador.

—Por mí, lo que sea está bien, lo importante es que ellos escojan lo que les antoje. No te preocupes por ahorrar conmigo —decía Andrés al teléfono.

El elevador se abrió. Daisy, enfrascada en la llamada, ni se fijó en quiénes estaban dentro.

Ya adentro, escuchó una conversación:

—Directora Espinosa, no esperaba que viniera usted personalmente a conocer la empresa. Soy Ramón Ochoa. Si le parece, anótese mi número; para cualquier cosa, sólo avíseme y yo le llevo los documentos a Grupo Prestige, no se moleste en venir hasta acá.

Daisy entonces, reflejada en la pared espejada del elevador, reconoció a las personas que la acompañaban.

Era Vanesa Espinosa.

Pero esta vez no estaba Oliver Aguilar. Solo Vanesa y Ramón.

A Ramón, Daisy también lo ubicaba.

Era uno de los responsables de PixelArtes Studios.

Cuando Daisy trabajaba en Grupo Prestige, lo había elegido como encargado de uno de los proyectos.

Sin embargo, casi no había tratado con Ramón directamente.

Durante la investigación del proyecto, ella solía comunicarse más con el otro responsable de PixelArtes Studios.

Lo que le resultaba extraño a Daisy era...

¿Ese juego no había sido rechazado por Vanesa?

De hecho, lo habían descartado junto con el de Alma Analítica.

Había salido de prisa esa mañana, ni tiempo le dio de revisar el clima, y mucho menos de agarrar un paraguas.

La lluvia repentina la obligó a quedarse bajo el techo de la entrada.

Daisy se abrazó con fuerza la chamarra, planeando esperar a que la lluvia bajara un poco antes de seguir.

Vanesa y Ramón también salieron en ese momento.

Ramón, al ver la lluvia, preguntó de inmediato:

—Está lloviendo. Directora Espinosa, ¿quiere que la lleve? ¿Vino en carro o la trajeron?

Vanesa le agradeció con una sonrisa.

—No te preocupes, mi novio viene por mí.

Ramón puso cara de envidia.

—Ya había escuchado que la directora Espinosa y el presidente Aguilar se llevan muy bien. Por fin me toca verlo con mis propios ojos.

Vanesa no pudo evitar que se le notara la felicidad en el tono.

—De hecho, él iba a venir conmigo hoy, pero le surgió algo de último momento y tuvo que irse a trabajar.

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