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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 168

No era de extrañar que no estuvieran juntos esta vez.

Después de verlos tantas veces pegados como siameses, siempre juntos, ver solo a uno de los dos resultaba raro; a cualquiera le hubiera costado acostumbrarse.

—¡Ustedes dos sí que se llevan bien! —rio Ramón, aprovechando para acercarse a Vanesa—. ¿A poco ya van a dar el siguiente paso? ¿No será que ya hay boda en puerta, eh?

Obviamente, Ramón quería ganarse la confianza de Vanesa, buscando el tema perfecto para entrar en confianza.

Y claro, justo tocaba los temas que a Vanesa le gustaban.

Por eso mismo, Daisy siempre prefería tratar con el otro encargado de PixelArtes Studios y evitaba a Ramón.

Lo de Ramón era demasiado evidente: siempre con dobles intenciones, le encantaba buscar atajos en vez de enfocarse en su propio trabajo.

De hecho, todo el peso de PixelArtes Studios lo sostenía Pablo Castaño.

Vanesa ni siquiera tuvo tiempo de contestar la pregunta de Ramón, porque Oliver llegó en ese momento.

Él mismo iba manejando el carro.

Aunque Oliver tenía chófer, casi nunca conducía él mismo. Normalmente, Juan o Daisy se encargaban de eso.

Pero desde que empezó a andar con Vanesa, ya no le importaba manejar, incluso parecía disfrutar ser su chofer personal.

Eso sí, no traía el clásico carro plateado que solía usar, sino uno nuevo.

El color… era claramente más de mujer.

Todo indicaba que lo había comprado especialmente para regalárselo a Vanesa.

Daisy, mientras tanto, no se detuvo a mirar; simplemente desvió la mirada y sacó su celular para pedir un carro de aplicación.

Si la lluvia no paraba, no podía quedarse esperando eternamente.

Oliver bajó del carro con un paraguas para recibir a Vanesa.

Al salir, traía una chamarra en la mano.

Apenas Vanesa llegó a su lado, él le puso la chamarra sobre los hombros con total naturalidad.

Los que también esperaban bajo la lluvia no pudieron evitar mirarlos con cierta envidia.

¿Cómo no iban a envidiarla? Un tipo atento, guapo y con dinero.

Un hombre así no se encuentra ni buscando con linterna en la noche.

—Presidente Aguilar, justo estábamos platicando la directora Espinosa y yo sobre usted, y mire, ya llegó.

Ramón aprovechó para quedar bien con Oliver.

Oliver, sonriendo, preguntó:

—¿Ah, sí? ¿Y de qué platicaban sobre mí?

El hospital quedaba lejos; Oliver prácticamente cruzó medio San Martín solo para recoger a Vanesa.

De repente, Daisy recordó algo que había leído en internet:

[Cuando alguien te quiere, no importa lo lejos que esté, siempre va a hacer lo posible por estar contigo.]

Oliver se preocupaba tanto por Vanesa que no estaba dispuesto a que ella pasara un mal rato con Mario Aguilar.

¿Y ella? ¿Todo lo que Daisy había aguantado antes con Mario Aguilar, qué significaba entonces?

No creía que Oliver no supiera lo que ella había pasado.

Pero él eligió callar, eligió mirar hacia otro lado.

El aire frío se colaba con la lluvia. Daisy se abrazó a sí misma.

...

Dentro del carro, Vanesa le comentó a Oliver, que iba manejando:

—Hace rato me encontré a Daisy en el elevador.

—¿Ah sí? —Oliver contestó con indiferencia.

Su tono dejaba claro que Daisy no le interesaba en lo más mínimo.

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