—Si aceptas trabajar conmigo, puedo poner a tu disposición todos los recursos de Grupo Prestige para ayudarte.
Vanesa hablaba con tal seguridad, que hasta parecía que tenía el mundo en las manos.
—Sabes bien la relación que tengo con el presidente Aguilar, ¿cierto? Si yo se lo pido, él me apoya sin dudar. Nos conviene trabajar juntos; los dos salimos ganando.
Qué buena para convencer. Daisy casi se dejó llevar por la labia de Vanesa.
Pero Andrés ni se inmutó.
—Perdón, pero no me interesa.
Él lo dijo sin rodeos, con firmeza.
—No me interesa ahora, ni lo hará después. Directora Espinosa, le agradecería que ya no me buscara.
Vanesa entrecerró los ojos. No podía creer lo que oía. ¡Vaya tipo terco! Cualquier persona con dos dedos de frente sabría qué elegir. Pero Andrés ya la había rechazado varias veces, y eso la dejaba desconcertada.
Frunció el ceño, pensativa. De repente, como si le cayera el veinte, soltó:
—¿Te gusta Daisy, verdad?
¿Si no, por qué esa lealtad inquebrantable?
—Sí, ¿y qué?
Andrés lo soltó sin titubeos.
No se atrevía a decírselo a Daisy, y prefería mantener las cosas en equilibrio, pero frente a terceros no tenía reparos en decirlo.
Vanesa se relajó y hasta soltó una sonrisa.
—Nada, solo decía.
No poder convencer a Andrés le daba coraje, pero si al menos él y Daisy terminaban juntos, podía tachar ese pendiente de su lista. Hasta le parecía buena idea.
Y sobre el proyecto… bueno, si Andrés no quería irse, podía tentar a alguien más de su equipo. No todos iban a tener esa misma lealtad ciega hacia Daisy.
Daisy tenía el apoyo y la técnica de Andrés, pero Vanesa contaba con Oliver. Al final, el amor nunca es garantía; las cosas pueden cambiar en cualquier momento.
Daisy no siempre tendría la suerte de su lado.
Aunque Daisy sabía que la invitación tenía trampa, igual se sentó.
Por boca de Julián, se enteró de que la comida la había planeado Oliver. Fue él quien pidió que invitaran a Daisy.
Progreso Digital Pampas, si quería trabajar con Alma Analítica, necesitaba sí o sí los chips de alto rendimiento como soporte técnico. Y los mejores del país estaban en manos de Grupo Prestige.
La propuesta era directa: compartir recursos y salir ganando todos.
A Daisy no le molestaba. Después de todo, todos estaban buscando lo mismo: maximizar sus ganancias. Incluso si se trataba de alguien con quien no se llevaba, podía sentarse a negociar.
Pero había algo que no le cuadraba. ¿Por qué Oliver tenía tanto interés? Grupo Prestige ya era enorme, no necesitaba este trato para crecer.
Daisy fue al grano y le preguntó sin rodeos.
Oliver respondió:
—Yo les doy los chips de alto rendimiento. A cambio, el presidente Padilla acepta que Colibrí se integre a su módulo de oficina.
En ese instante, a Daisy le vino a la mente la frase de Vanesa del día anterior.

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