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Siete Años para Olvidar romance Capítulo 321

Benjamín encontró a Damián justo en el momento en que este, con una lupa en la mano, examinaba con mucho esmero la obra caligráfica que Daisy le había regalado, firmada por Edgar Montes.

Mientras la contemplaba, no podía ocultar su entusiasmo y compartía su alegría con la nana que estaba cerca.

—¿Ya viste? Esto sí es arte, ¡qué buena letra! Al menos esa muchacha no se olvidó de mis gustos, todavía tiene buen corazón.

En ese instante, Damián dejaba de lado toda esa actitud distante y seria que solía mostrar.

—¿Qué tipo de obra lo tiene tan contento, señor? —preguntó Benjamín, acercándose para curiosear.

Pero apenas distinguió el cuadro sobre la mesa, no pudo evitar que su expresión cambiara.

Esa era la misma pieza que Oliver había adquirido en la subasta, pagando nada menos que cien millones. Benjamín también había querido comprarla en su momento, pero terminó retirándose por consideración a Vanesa.

¿Qué hacía allí esa obra?

Damián seguía embelesado con la caligrafía y no se molestó en responderle. Fue la nana quien despejó la duda:

—Esta obra la trajo la alumna favorita del maestro Ferrer. Es un tesoro para el señor, imagínese.

El corazón de Benjamín dio un vuelco.

La alumna favorita…

Él mismo había logrado convertirse en discípulo del maestro Ferrer apenas el año anterior, gracias a la recomendación de su padre.

Había escuchado de pasada los rumores: el maestro Ferrer, en su momento, había tenido una discípula muy especial, pero por alguna razón, ella desapareció y nunca más se supo de ella.

El propio Ferrer prohibió que se mencionara a esa persona, y dejó de reconocerla públicamente como su discípula. Con el tiempo, la gente dejó de hablar del tema.

El asunto solo volvió a surgir el año pasado, cuando el maestro lo aceptó a él como discípulo. Algunos bromearon:

—¿No que el maestro ya había aceptado a su último discípulo hace siete años? ¿Por qué ahora otro más?

A Ferrer no le hizo ninguna gracia la broma y la negó de inmediato, asegurando que nunca había tomado un discípulo final.

Por curiosidad, Benjamín le preguntó a su compañero Yeray, quien le confirmó que sí había existido esa discípula especial, alguien a quien el maestro valoraba muchísimo.

Sin embargo, antes de que pudiera anunciarla oficialmente como su discípula, los caminos de ambos se separaron. Así que, aparte de Damián, solo Yeray conocía la verdadera identidad de esa persona. Yeray, por su parte, nunca reveló el nombre.

Hasta ese momento, Benjamín no tenía idea de quién era esa discípula que tanto había impresionado al maestro Ferrer.

Capítulo 321 1

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