Daisy estuvo a punto de preguntar: —¿Me conoces?
Pero el celular de la mujer volvió a sonar antes de que pudiera decir algo. Ella contestó deprisa.
—Ya voy para allá.
Se fue tan rápido que solo alcanzó a hacerle una seña a Daisy antes de desaparecer en el pasillo.
Daisy también terminó de arreglarse y salió del baño.
Apenas iba de regreso al salón principal, cuando se topó inesperadamente con Benjamín en el corredor.
En realidad, Benjamín hubiera preferido encontrarse con Vanesa antes que con Daisy. Pero el destino parecía disfrutar contrariándolo.
El semblante de Benjamín era distante, casi como si el aire a su alrededor se hubiera vuelto más denso.
Daisy ni siquiera lo miró de frente. Lo ignoró por completo y siguió caminando hacia el salón, como si él fuera invisible.
Pero cuando pasó junto a él, Benjamín soltó de repente, con un tono cargado de burla:
—Imitando a las demás, ¿eh?
Daisy ni pensaba prestarle atención, pero no estaba dispuesta a dejar que la pisotearan en su propia cara.
—¿Y tú por qué andas ladrando? —Le sostuvo la mirada, desafiante, casi con una chispa de fuego en los ojos.
Benjamín se sorprendió por la respuesta. No esperaba que Daisy se defendiera tan rápido.
Sin embargo, replicó con más dureza, sin ocultar el desprecio en su voz:
—¿Acaso estoy mintiendo? Siempre andas copiando a Vanesa, tanto en los proyectos como en la forma de vestir. Pero solo puedes copiar lo superficial. Los estudios y los logros de ella, eso jamás podrás igualarlo.
—Entonces, ¿eres el perrito faldero de Vanesa?
Ahora Daisy lo entendía todo. Por eso Benjamín la traía tan atravesada.
Si se ponía a pensarlo, entre ella y Benjamín nunca había habido mucha relación. De hecho, en las juntas previas, él la había dejado plantada varias veces.
Aun así, siempre sentía que él le tenía bronca.
Antes no lo comprendía, pero ahora todo tenía sentido.
A Benjamín no le gustó nada que lo llamaran así. Su cara se endureció todavía más y arrojó, con el ceño fruncido:
—No soy tan bajo como crees.
—¿Bajo? Yo no he dicho nada —Daisy soltó una carcajada, como si él se hubiera delatado solo.
Esa risa le incomodó tanto a Benjamín que su expresión se volvió aún más sombría.

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