—Espero que, cuando nos casemos, dejes tu trabajo y te dediques a la casa, quiero que seas ama de casa a tiempo completo.
Daisy no se molestó, simplemente lo escuchó con paciencia.
—¿Algo más?
—Mi familia quiere que me case este año. El próximo, esperan que tengamos un hijo, después descanses un año y luego tengamos otro. Lo ideal sería un niño y una niña.
—Ah, y después de casarnos, vamos a vivir con mis papás. Yo soy su único hijo, si me voy, se van a sentir solos. Así que viviremos todos juntos. Mi mamá tiene problemas de estómago, así que la comida debe ser especial y tiene que comer siempre a la misma hora. Mi papá duerme mal, así que la casa no puede ser ruidosa. Él se levanta hasta las diez y desayuna a esa hora, así que hay que preparar cuatro comidas al día.
—Si alguna vez tengo que quedarme en la oficina por trabajo o eventos, también tendrás que prepararme algo para cenar tarde.
Daisy asentía con la cabeza.
El tipo creyó que ella aceptaba, así que se puso más engreído y preguntó:
—¿Y tú? ¿Tienes alguna condición? Pero nada fuera de lugar, ¿eh? El regalo de boda debe ser razonable, y además, tienes que devolverlo.
Daisy habló despacio, con mucha calma.
—No pido mucho, pero tengo una pregunta.
El hombre pensó que ella ya había aceptado sus condiciones, así que seguía con su actitud.
—A ver, dime.
—¿Tus papás aguantan los golpes? Porque cuando yo pego, sí duele, y no cualquiera lo aguanta.
El hombre se quedó sin palabras.
Daisy sintió que ya era suficiente, que solo estaba perdiendo tiempo, así que hizo una seña al mesero para pedir la cuenta.
No esperaba que el tipo, de pronto, se pusiera de pie y, con voz respetuosa, saludara:
—Director Becerra, ¡qué gusto verlo por aquí!
Valerio asintió con tranquilidad y luego miró a Daisy, su tono cálido.
—Presidenta Ayala, cuánto tiempo sin vernos.
—Sí, ya tenía un buen rato —respondió Daisy, sorprendida de encontrar a Valerio en ese lugar.
El pretendiente, al ver la confianza entre ambos, le preguntó a Daisy:
—¿Tú conoces al director Becerra?
Daisy iba a contestar, pero Valerio se adelantó.
—La señorita Ayala es la responsable de nuestro proyecto en el puerto.
La expresión del pretendiente era digna de verse.
Valerio no le prestó atención y se enfocó en Daisy.

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