Valerio también conocía bien el carácter de Benjamín, sabía que era bastante terco y que insistir no serviría de nada, así que prefirió no decir nada más.
Cuando la reunión terminó, Benjamín se despidió de Valerio y se fue directo a la casa de Damián Ferrer.
Damián últimamente andaba ocupado preparando preguntas para la nueva edición del concurso de matemáticas y computación. Nada más ver a Benjamín, le puso enfrente un problema para que lo resolviera.
Benjamín tardó quince minutos en encontrar la solución.
Damián no pudo ocultar su disgusto.
—¿De verdad te tomaste quince minutos con un problema tan sencillo?
En ese tipo de situaciones, Benjamín ni se atrevía a responder. Solo se quedó callado, aceptando la crítica con humildad.
—¿Sabías que alguien resolvió este mismo problema en solo tres minutos hace algunos años?
Al recordar ese episodio, Damián suspiró con pesar.
—En aquel entonces, ella tenía apenas catorce años. Era una promesa, una joya... Es una verdadera lástima.
Benjamín preguntó en voz baja:
—¿Se refiere a la hermana mayor?
Por experiencia, sabía que siempre que se mencionaba a esa hermana, a Damián se le torcía el humor.
Y esta vez no fue distinto. Damián le dio un golpecito en la cabeza con la regla de madera.
—¿Te pedí que hablaras?
Eso le bastó a Benjamín para confirmar sus sospechas.
No cabía duda… La prodigiosa hermana de la que tanto hablaban no era otra que Vanesa Espinosa.
Solo le faltaba saber cuándo llegaría el día de encontrarse cara a cara con ella.
La verdad, tenía muchísima ilusión por ese momento. Esperaba que no tardara mucho en llegar.
...
Después de separarse de Valerio, Daisy se desvió un poco para pasar por una famosa pastelería y comprar unos postres.
No le quedaba de otra. Como la cita a ciegas se había venido abajo, ya se imaginaba el sermón que le esperaba en casa por parte de la señora Cintia.


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