Daisy recién se dio cuenta de que Oliver también había entrado al privado junto con ella.
—Sí.
—No.
Dos personas, dos respuestas completamente opuestas.
Cristian soltó una carcajada.
—¿Cómo? ¿No se pusieron de acuerdo antes de entrar?
Daisy no tenía idea de cuál era la intención de Oliver, y la verdad, ni ganas tenía de ponerse a adivinarlo.
—Presidenta Ayala, venga, venga, yo le ofrezco este trago para celebrar que se ha convertido en la mujer más rica de San Martín —Julián, con ese ánimo que lo caracterizaba, levantó su copa para brindar con Daisy.
Cristian, siempre atento, intervino.
—Presidente Padilla, parece que anda un poco atrasado con las noticias. La lista ya cambió de nuevo: ahora la número uno es la directora Espinosa, la prometida del presidente Aguilar.
Julián se quedó sorprendido, pues apenas esa mañana había salido la nueva actualización del ranking.
—¡Vaya, discúlpeme! Me quedé atrás, pero igual este trago va para usted, presidenta Ayala —Julián le sonrió, sincero.
Daisy estaba a punto de explicar que había llegado en carro, que no podía beber y que mejor les brindaría con un poco de jugo.
Pero antes de que pudiera decir nada, alguien se adelantó y le quitó la copa de las manos.
Daisy notó que esa mano llevaba un guante elástico.
Oliver habló con tranquilidad.
—La presidenta Ayala vino manejando, así que yo me encargo de tomarme este trago por ella.
Esa frase hizo que Daisy dudara un instante, por fin lo miró de frente.
No lograba descifrar qué pretendía con eso.
¿Le estaba cubriendo? ¿O qué?
¡Qué absurdo!
Antes de que siquiera pudiera rechazarlo, Oliver ya se había empinado la copa.
No sentía ni una pizca de gratitud. Es más, le parecía que solo estaba haciendo de más.
Ella no necesitaba que nadie la “protegiera” de nada.
—Oli, ¿tú por qué estás aquí?
Antes de que Daisy pudiera decir palabra, fue Vanesa quien entró en la conversación.
Probablemente le vio en el pasillo y decidió pasar a saludar.
Así que estos dos no habían llegado juntos.
—Justo hablábamos de la directora Espinosa, y mire nada más, aquí está. Entonces el presidente Aguilar vino acompañado de la directora Espinosa —Cristian, bromista, le cedió el asiento a Vanesa.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar