Yeray también entendía perfectamente el problema de fondo en todo esto, pero él mismo apenas podía con sus propios asuntos, mucho menos atender los de los demás.
Esa noche, Luis fue al hospital a visitar a Matías y, mientras platicaban, le contó lo que había pasado ese día con Daisy.
Matías, que hasta ese momento había estado tumbado en la cama, sin mucha energía, al escuchar la noticia se incorporó de golpe y le preguntó a Luis:
—¿Dices que Daisy aceptó invertir en el Instituto Quirúrgico Valle Verde?
—Sí, pero puso condiciones muy fuertes. No solo quiere acciones, también exige el control de la gestión.
—¡Pues si lo pide, dáselo! ¿Qué tanto lo piensas? —Matías, alterado, golpeó el borde de la cama y terminó tosiendo sin parar.
Luis, apurado, le acercó un vaso de agua y le frotó la espalda para que se calmara. Cuando Matías se sintió un poco mejor, le agarró la mano con fuerza y dijo:
—Vamos.
—¿A dónde tan tarde?
—¡A buscar a Daisy! Antes de que cambie de opinión, hay que verla ya mismo. ¡Llévame contigo!
Luis miró por la ventana, notando que ya era bastante de noche.
—Ya es tarde, seguro ella ya está dormida.
—¡Entonces mañana temprano! Tienes que ir a verla en cuanto amanezca. ¿Sabes dónde vive?
Luis negó con la cabeza.
—¿Cómo quieres que sepa eso?
—¡Entonces ve y averígualo ya!
Luis, ante tanta insistencia, no tuvo más remedio que buscar la dirección de Daisy. Tras pensarlo un momento, solo se le ocurrió que Oliver podría saber dónde vivía.
Marcó a Oliver y, al poco tiempo, él contestó.
—¿No los estoy molestando, verdad? —preguntó Luis con voz baja.
—No, tranquilo. ¿Qué pasa? —contestó Oliver.
—Bueno... ¿puedes hablar ahora?
Como el asunto tenía que ver con Daisy, Luis prefirió asegurarse de que Vanesa no se enterara, para evitar malentendidos que afectaran su relación.
—Sí, dime —aseguró Oliver.
Entonces Luis se animó a preguntar:

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