—Un champiñón fuerte.
—¿Y yo?
—Un champiñón bonito —respondió la niña, parpadeando.
—¿Por qué quieres ser un champiñón fuerte?
—Para que nadie se atreva a meterse conmigo —murmuró la niña, haciendo un puchero.
A Daisy se le encogió el corazón. Le rozó suavemente la ropa, con cuidado de no asustarla. La niña se estremeció, pero no se apartó.
—¿Puedo ser un champiñón aún más fuerte? Así podré protegerte.
La niña la miró fijamente durante un largo rato antes de asentir.
—Entonces serás un champiñón fuerte y bonito.
Cuando la señora Ferrer las encontró, la niña dormía plácidamente en la cama de Daisy.
—¿Cómo lo has conseguido? —le preguntó, asombrada—. Yo tardé casi un año en ganarme su confianza.
Tras escuchar la explicación de Daisy, la señora Ferrer sonrió.
—Tienes un don. —Su tono se volvió serio—. El médico te dijo que descansaras. Tienes que obedecer.
Daisy se encogió, sumisa.
—¡Parece que solo la señora Ferrer puede contigo! —bromeó Miguel—. A mí no me haces caso, pero a ella sí. ¡Debería venir más a menudo!
Daisy no supo qué decir.
Cuando la señora Ferrer y Camilo se fueron, Miguel no pudo contenerse.
—¡Daisy, tengo un chisme bomba!
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar