—Como amigo, te aconsejo que tengas cuidado. Daisy es una extraña, al fin y al cabo. Mira por tus intereses, no vaya a ser que te quedes sin nada.
—No creo que Daisy sea esa clase de persona —dudó Luis.
La defensa de Luis enfrió la mirada de Vanesa.
—Solo te lo digo como amiga. La decisión final es tuya —dijo, intentando sonar neutral.
Anoche, Jazmín le había enviado un mensaje: Daisy había recuperado el título de la mujer más rica de San Martín. Su propio nombre aparecía ahora por debajo del de ella. Las acciones de Consorcio El Faro seguían cayendo tras el incidente de los fuegos artificiales, y su fortuna no dejaba de menguar. La brecha entre ella y Daisy era cada vez mayor. PixelArtes Studios se enfrentaba a una montaña de demandas y compensaciones. Y en San Juan, la fiscalía había abierto una investigación… Un desastre tras otro. En internet ya decían que nunca podría superarla.
Una bola de fuego ardía en el pecho de Vanesa. Se consolaba pensando que todavía tenía a Oliver. Todavía no había perdido.
Daisy tendría talento para los negocios, pero nada más. Su origen, su educación… todo la limitaba. Nunca llegaría más alto. Salvo en los negocios, Vanesa era superior a ella en todo.
Tras esa conversación, se hizo un silencio incómodo.
—¿Estás cansada? ¿Quieres volver a la habitación? —le preguntó Luis.
Por eso había tardado en venir, había estado ocupándose del asunto. Se había dado cuenta de que algo no cuadraba con la inspección y había llamado a su padre.
—Es la primera vez que me llamas para pedirme ayuda —le dijo su padre, sorprendido—. ¿Puedo saber por qué?
Valerio siempre había sido un hombre hecho a sí mismo, nunca había necesitado la ayuda de su familia.
—Porque me gusta —respondió Valerio, tras una breve pausa—, y quiero ayudarla en todo lo que pueda.

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