Cuando el presentador terminó, el público respondió con un aplauso atronador, invitando al promotor de la conferencia a subir al escenario para dar su discurso.
Bajo la atenta mirada de todos, Daisy subió al podio.
La mirada expectante de Vanesa se congeló al instante, su rostro reflejaba una absoluta incredulidad.
No muy lejos de ella, Luis contuvo el aliento.
Inconscientemente, le dio un manotazo a Fernando.
—Estoy viendo visiones, ¿verdad?
Fernando apartó su mano con una expresión de fastidio, temiendo que le arrugara el traje.
Después de todo, aún no había tenido la oportunidad de saludar a Daisy y tenía que mantener las apariencias.
Pero Luis, sin darse cuenta, insistió.
—¡Debo de estar viendo visiones! ¡Cómo es posible que Daisy esté ahí arriba!
Que estuviera en la conferencia no le sorprendía.
Pero que apareciera como la promotora del evento y subiera a dar el discurso de apertura era algo que desafiaba toda lógica.
El resto de los presentes también murmuraban entre ellos.
Benjamín, con el ceño fruncido, le preguntó a Valerio:
—¿No habrá un error? ¿Ella? ¿La promotora de la conferencia?
Valerio tenía toda su atención puesta en Daisy y ni siquiera escuchó la pregunta de Benjamín.
Cuando Benjamín, al no obtener respuesta, se giró para mirarlo, descubrió en sus ojos una admiración que no podía ocultar.
Por supuesto, la más sorprendida de todos era Vanesa.
Incluso había aplaudido a Daisy.
El leve escozor en las palmas de sus manos fue como una bofetada invisible que la tomó completamente por sorpresa.
Daisy, segura y serena, no mostró ni un ápice de nerviosismo a pesar de ser la primera vez que presidía un evento de tal magnitud.
En medio de los murmullos de la multitud, comenzó a hablar con calma:
—Estimados invitados, apreciados socios, señoras y señores, ¡muy buenos días! Soy la promotora interina de esta conferencia, Daisy…
¡Después de todo, Mario prefería apoyar a una extraña antes que aceptarla a ella!
Y para colmo, Fernando y Luis, a su lado, seguían discutiendo animadamente sobre Daisy.
—¿Lo ves? —decía Fernando—. Daisy no vino a esta conferencia como la acompañante de nadie. ¡Ella es la promotora! Lo que significa que la lista de invitados tuvo que pasar por su aprobación. Si no quisiera que alguien estuviera aquí, ¡bastaría con una palabra suya!
—En eso tienes razón —admitió Luis con un suspiro.
Fernando miró a Daisy en el escenario, sus ojos oscuros e intensos, y su voz delataba una admiración incontenible.
—Ella es ella misma, no el apéndice de nadie.
Vanesa, que había asistido a la conferencia como el «apéndice» de Oliver, se puso blanca como el papel. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Sintió que las piernas le flaqueaban, como si no pudiera sostenerse.
Era como si algo, una fuerza abrumadora, estuviera a punto de devorarla, dejándola sin aliento.
—Oli… —Su voz temblaba, como si se estuviera ahogando en el mar, necesitando desesperadamente un salvavidas.
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